El caso de Habiba nos ha puesto a todo@s los pelos de punta. Conozco a
Ibone Olza desde hace años, ella probablemente no se acuerde de mí pero yo me acuerdo bien de ella. La ví en varias ocasiones, en charlas, como la de Prospe a la que fuí con mi incipiente barriga de embarazada, es amiga de la cuñada de una buena amiga que acaba de parir hace poco y con la que habló de como quería que fuese su parto (sin mucho éxito). No la conozco en profundidad pero me merece confianza.
Y por qué digo esto? Porque por lo que tengo entendido los equipos de psicólogos de este tipo de servicios no separan así como así a una hija, tan pequeña, de su madre. Mi cuñada trabaja en estos temas desde hace años, tiene callo, hace visitas a hogares...hace un trabajo que yo jamás podría hacer, o sí, no lo sé. Muchas veces le he preguntado que se hace con un maltrato, dónde acaba ese niño o niña, como saber que es lo "mejor", siempre me contesta lo mismo: que solo en casos extremos se separa a los niños de sus familias. Yo no sé a lo que se refiere con "extremo", claro. También desconozco como actúan estos servicios en la Comunidad de Madrid, que visto lo visto con casos como los de los
Centros de Menores y fundaciones como
O'Belén o
Nuevo futuro me dan pie a la más absoluta desconfianza. Con los años estoy aprendiendo a no fiarme de todo lo que leo y menos aún de la fugaz y efímera red de redes, que ya le hace competencia al televisor, pero no sé por que, no veo porque no he de fiarme de esto que me ha llegado. Con el tema de la lactancia a demanda puede pasar de todo por muchos cerebros dolidos. Como con el homeschooling.
Indignarse y colaborar sentados en la silla delante del ordenador es muy cómodo, y sirve, ya está demostrado que sí. Pero me gustaría abrir un debate, se que mucha gente visita este blog, (no tengo medidor de visitas, no lo tenía en mis blogs anteriores, reconozco que tengo un "EGO 2.0" muy pobre;)) por ello os pido que si podéis me contéis que pensáis y así generar un debate.
Os cuento una historia de hace aproximadamente un año, sucedió en julio del año pasado. Una vecina me contaba que en el patio trasero de mi casa, un patio de manzana muy amplio con árboles y parque de un barrio de clase media-alta de Madrid (no la nuestra!), en varias noches había oído los gritos desesperados de un nene o nena a primera hora de la noche y primera de la mañana, yo le decía que no lo había oído y es que por aquel entonces estaba embotadísima por la falta de sueño y el cansancio de criar a una bebé lactante prácticamente sola y madrugando.
Pero justo el día antes de irnos a Galicia de vacaciones Catu y yo (su papá se quedaba trabajando), ese día de julio, Catu se durmió pronto, algo poco habitual en ella, así que me levanté de la cama después de dormirla y me quedé cerrando la maleta, cuando por suerte o por desgracia oí al peque.
No os podría describir el horror, sin duda era un niño de unos 2-3 añitos (o una niña!) encerrado en su habitación que llamaba desesperado a su padre y a su madre, yo me compungí de tal manera que incluso pensé en despertar a Catu e ir a investigar por lo portales, pero me corté al final. No me podía quedar de brazos cruzados y llamé a la policía, con disgusto, pero la llamé.
Enseguida llegó una patrulla aquella calurosa noche. Subieron a casa, fue algo surrealista porque Catu estaba sopita total y no se enteró de nada ya que incluso entraron en nuestra habitación a ver si se oía también por ahí, pero oh! fatalidad, los gritos, que ya se oían exhaustos, habían cesado. Yo insistí mucho en que no era el llanto de un nene atendido un llanto de rabieta o o por algún dolor o porque simplemente no le apetecía dormir, era el llanto de un niño abandonado, les insistí mucho en esto y me pidieron por favor que los llamase de nuevo si los volvía a oir.
Las luces de la patrulla captaron la atención de los vecinos cuyas terrazas dan a la calle y salimos varios cuando los polis bajaron a investigar (por aquel entonces Catu se despertaba al poco de dormirse así que yo estaba pendiente de eso también) los vecinos me preguntaban que qué hacían ahí así que les expliqué la historia, cual fue mi estupefacción, todos los "asomados" lo habían oído, algunos decían que que niño más pesado otros que cuando España había ganado el mundial había estado gritando más de dos horas. Al menos no había sido yo sola la que lo había oído! ¿Pero qué había hecho la gente? Nada.
Yo preferí no decir nada y me centré en la "investigación". Nada, habían llamado a varios portales y nadie había oído nada. Pero cómo es posible? No daba crédito.
Esa misma noche cuando se fueron (no pegué ojo) preparé unos cartelitos para pegar por el barrio al día siguiente y antes de irnos al norte, puse a Catu en el fulard (por aquel entonces le seguía gustando aunque cada vez menos) y allá que nos fuimos a pegar carteles, intentando que si alguien los volvía a oir que por favor hicieran algo. Aquel mes mi amigo Miguel Jara publicó mi experiencia en su
blog.
Ya en otros post hablé de la tolerancia al sufrimiento infantil y a la intolerancia a la expresión de este, que está tan arraigada. No tengo que retrotrarme a julio del año pasado, ese fue un caso extremo, solo tengo que acodarme de ayer, por ejemplo, entrando en el metro, por la mañana, un peque de unos 20 meses con una mochilita andando detrás de su madre, una tía que iba hecha un pincel, lloraba desesperado y ella le amenazaba que le iba a cerrar la puerta si no corría más.
Qué hacéis en estos casos? Sabemos que ante cualquier expresión de violencia entre adultos se reacciona, que empeiza a calar la intolerancia contra la violencia doméstica, pero que pasa con los niños y las niñas? Cómo reaccionáis
vosotr@s? Intervenís? Si lo hacéis...¿Cómo? o dejáis que fluya, a lo zen? Yo he ido aprendiendo, ya me concentro más en la estupefacción de mi hija si es que estoy con ella. No sé hasta que punto me gusta exponerla a estas cosas, si no tenemos televisón justo porque he tardado tanto años en entender que la consciencia no tiene por que estar reñida con la innecesariedad de tener que ver tantas cosas desagradables, (aparte de lo poco que aporta) ¿es la calle una excepción?
Este debate lo tuvimos depués de una de las jornadas de la Serrada, en concreto después de la conferencia en la de las raíces de la violencia, no encontré posturas contundentes, si se putualizó que el maltrato físico ensombrecía al resto de ellos, pero encontré mucha confusión con este tema, como la que yo tengo ahora.
Si queréis firmar pidiendo que reúnan de nuevo a Habiba con su hija a través de la
WEB Actuable, os dejo el enlace. Más información en la web de
Ileana Medina