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miércoles, 21 de noviembre de 2012

No negar el cuerpo a los hijos: como lo vivimos la generación “bisagra”


En la terapia sanadora que llevo haciendo desde hace tres años, primero con Diana Sánchez y luego con el equipo de Laura Gutman (Laura y Marián) siempre hay un genérico en los intercambios, un leit-motiv que se repite en casi todas la sesiones: la herida primitiva que infringe el patriarcado al nacer, (el sistema social en el que vivimos por contra de la sociedad solidaria), que es la negación de la humanidad, la negación del cuerpo de la madre en el nacimiento, parto incluído y en la crianza.
Se habla pues de este dolor, que se lleva siempre, de esa necesidad de bebé, de esa indiferenciación objetal que se experimenta los primeros meses de vida, de bebés no sabemos que somos "otro" separado de la madre y ahí, con esa separación, con esa negación de la ecología del deseo y el cuerpo materno empieza esa "contracción" personal que nos acompaña el resto de la vida. De esa la falta de mirada nace nuestra terrible dificultad de intimar incluso con nuestros propios hijos, nacen nuestros personajes y nuestras corazas que nos protegen y hacen que consigamos migajas de amor. El origen de estas dificultades que hacen que recurramos, algunos, a querer y necesitar crecer más, algunos a los psicofármacos, a las adicciones, enfermedades, está justo ahí, en esa falla, en ese vacío que queda ya desde que nacemos, que no es, claro está, en absoluto, determinante de por vida pero si irreversible. Luego está el aderezo del maltrato (emocional, psicológico y físico), la falta de mirada de unos padres que no miran más que su propia herida y las necesidades "vitales"  que ella acarrea. Pero el ingrediente principal es esa falta de atracción centrípeta de la madre, la falta de su cuerpo, hasta que lo necesitemos. Todas las filosofías y teorías relacionadas con la crianza consciente lo comparten, la Antroposofía, la Gestalt, la Transpersonal, la Jungiana, la Reichiana, la Sistémica, Montessori, La Pedagogía Activa, etc... unas más otras menos y otras, por desgracia, no "acuden" todo lo urgentemente que habría que acudir a comprender e indagar esa falta que acarrea sufrimiento y enfermedad de por vida, se obvia de este modo por completo nuestra ecología humana, aunque se hable de inteligencias emocionales y modas al uso, sin indagar en nuestra historia. Es como perderse lo "mejor" de la película, lo más importante.




Ese lugar vacío que nos queda desde que somos separados antes y después de nacer, ese lugar que otorga a nuestro sistema social la posibilidad de dominar al carente o al desamparado o hacer dominadores llenos de rabia y también de desamparo, ese lugar hace que la rueda destructiva se vaya alimentando sin tener principio ni fin.  Me dice Marián que somos la generación bisagra, que esperamos que nuestros padres nos miren con esa mirada de amor incondicional que no tuvimos, que no perdemos esa esperanza, pero que nuestros nietos ya no tendrán ese problema. Así sea.

jueves, 28 de junio de 2012

Arreglar la base

En su libro "Madres e Hijas", Christiane Northrup expone la evolución emocional, física y espiritual de una mujer, la vida, en definitiva, con una hermosa alegoría. La compara con una casa con su sótano que sería la gestación y el nacimiento, primera planta con habitaciones divididas en septenios hasta los 42 años y una segunda planta hasta que nos llega la muerte, también dividida en septenios (el 7, ese número mágico). En este capítulo viene a exponer que no todos tenemos la suerte de pasar de habitación y mucho menos de planta, ya que nuestra educación patriarcal represiva o en exceso permisiva (ya sabemos que tan perniciosa es una cosa como la otra) no nos ha dotado de rescursos, nacidos del amor para crecer y evolucionar. Muchas, estamos todavía en la primera habitación, la de los 0-7 años, aunque nos vistamos con el disfraz de otro personaje: el resolutivo, el implicado, el pasota, el introvertido, la víctima, el victimario. Nuestras necesidades y sentimientos siguen viviendo ahí.

El hecho de haberme convertido en madre y haber superado retos nada recomendables como la falta de apoyo logístico y el cansancio, el hecho de haber creado un proyecto pedagógico entre varias familias para mi hija, el hecho de criarla todos los días, me ha puesto delante el espejo y me lo ha dicho claro: No pases a otra habitación en "falso", descuélgate ese personaje de madre informada, insumisa y combativa si antes no arreglas y redecoras la habitación anterior. Es cierto que los seres humanos somos un cúmulo de sutilezas y que los resultados no son matemáticos (esto lo explica muy bien la antroposofía), pero también lo es que todos y todas sabemos lo que nos remueve, lo que nos hace sufrir, lo que nos somete y nos paraliza.


Muchas son las corrientes pedagógicas que  afortunadamente escapan de la negrura de las de antes, que, como en la reciente y maravillosa Campaña de Save the children promueven el respeto y la generosidad para hacer de nuestros hijos niños estables, felices, críticos y sanos física, emocional y mentalmente. Blogs, como el mío, corrientes, porteo, colecho,  libros maravillosos, neurociencia (por fin la ciencia acompaña al amor) madres que dejan sus trabajos, lactancia materna, todas ellas aspiraciones hermosas y dignas, pero...¿qué hay de nosotras mismas? ¿Qué hemos vivido? ¿Qué nos ha faltado? ¿Hasta dónde podemos llegar? ¿Reconocemos nuestras sombras? ¿Vivimos llenas de rabia, resentimiento y rencor? ¿Tenemos dolencias físicas y psicológicas? ¿Compulsiones? ¿Quién era mi madre? ¿Y mi padre? ¿Y mis abuelos? ¿Y los abuelos de mis abuelos? ¿Quién es mi pareja? ¿Qué me une a ella?

Sí y solo sí pasamos de forma saludable a otra habitación con acompañamiento, ayuda, amistades, compartiendo las sombras y maternándonos a nostras mismas, solo así no nos daremos contra una pared una y otra vez con nosotras mismas, nuestros hijos, y la vida en general. Creo, bajo mi punto de vista y mi experiencia, que no podemos pretender hacer "vuelo alto" sin hacer uno raso primero. No podemos "colgarnos" ni "colgar"  ninguna tendencia educativa a nuestros hijos y dejarnos la piel, porque no obtendremos nunca ningún resultado si antes no arreglamos esas habitaciones, poco a poco, sin exigencia y con cariño, sin repartir culpas y asumiendo nuestras responsabilidades. Solo así no se desmorornará la "tramoya" en el momento menos pensado. Madres y padres. Solo así sabremos que es respeto, de que modo se respetan nuestras necesidad por parte del sistema en el que vivimos: calidad de vida, aire, agua, inquitudes, atmósfera, servicios sociales, economía justa y solidaria y por ende, reconoceremos de que manera respetan y respetamos las de nuestros hijos: una de estas necesidades es su educación, fuera de nuestro personaje, para que ellos también respeten ( a los demás y al mundo en el que han nacido) y se respeten. No es casualidad que en los sitemas de salud energéticos, milenarios, se cura a bebés e hijos pequeños, actuando sobre la madre. No podemos esperar un hijo o hija emocionalmente maduro y estable, si sus padres no lo están, o "escapan" de ellos mismos, o se disfrazan.


Recuerde qué hacía, qué sentía, qué cosas le alegraban y qué cosas le dolían. Intente mirar al niño que tiene con los ojos del niño que fue. Dice Carlos González en el blog the Save the Children

Solo y solo nosotras tenemos la responsabilidad de no culparnos y no culpar a quien ha hecho lo que creía mejor para nosotras. Solo nosotras tenemos la responsabilidad de enfrentarnos a nuestros dragones dejándonos ayudar y cuidar y cuidánonos a nosotras mismas. Solo nosotras tenemos la responsabilidad de reconocernos en nuestro estado, maternarnos a nosotras mismas y amarnos para poder amar sin condiciones, por el simple y enorme placer de estar mejor día a día, ponernos la mano en el corazón y saber qué nos está diciendo,  por dar a nuestros hijos a alguien genuino, que está ahí cuando nos necesitan sobre todo si estos son pequeños, para poder empatizar de verdad y no como una postura, para poder educar dese la confianza y el vìnculo.  Solo nosotras tenemos la responsabilidad de reconocer las violencias cotidianas, en nuestro sistema en general, con nuestros hijos. Solo nosotras tenemos que responsabilizarnos de nosotras mismas y tratar de acercarnos a la verdad y a la consciencia un poquito más, qué pintamos realmente en este mundo y para que hemos venido, día a día.

Esas habitaciones del primer piso de las que habla Northrup con el sótano, la base, han de reconocerse en su debilidad y mala calidad y saber que a partir de este reconocimiento, se pueden arreglar con tesón y cariño, buscando un maternaje personal. Absolutamente todos y todas, llevamos en nuestra memoria genética las contradicciones y la destructividad del patriarcado, que además crea adicción y del que no es fácil escapar, esta memoria genética, llena de desamparos y carencias nos mantiene enfermos, sumisos o rabiosos viviendo en esas habitaciones de nuestra primera infancia y adolescencia.


lunes, 12 de septiembre de 2011

Aaaaarrancamooooosssssssss con NIDIA



Ay! bueno, pues ya estamos en marcha, nuestro proyecto pedagógico, y digo nuestro de las tres familias de locos que visto que llegaban los tres años no nos resignamos a que nuestros peques se vieran sin poder ir al baño, dejar de usar pañales, estar 8 horas metidos en una habitación o volver con deberes a casa. Nuestro, porque como cada uno de nostros es único, inspirado en muchas pedagogías pero único por ser nuestro y de todos los que quieran acompañarnos, de mucho aprendizaje y esfuerzos, emocionales, burocráticos, de organización, de tiempo, pero hecho con mucha ilusión.


Aprovecho para hacer promoción en Los Ojitos que Brillan.








miércoles, 6 de julio de 2011

Confudir respeto con falta de contención

Estos días prevacacionales, las tan ansiadas vacaciones, entre bricolage casero: Catu ya tiene su propia habitación (aunque falta la cama, como se encarga ella de recordarnos), tardes en el piscina y calores, estamos los papás aprendiendo una cosa nueva. Otra más!. Nuestra hija muestra síntomas de falta de contención. Es duro oírlo sobre todo por parte de alguien que sabe mucho del tema (a pesar de que hubo cosas con las que nos estoy de acuerdo, casi todo coincide en que SÍ) y para unos papás en constante aprendizaje y madurez que han hecho lo mejor que creían para ella, como todos lo que pueblan el mundo. Otro reto más para nosotros.

Confundir respeto con falta de contención y otorgar un excesivo poder al niño sobre el curso de los acontecimientos puede provocar una sensación brutal de falta de contención que se traduce de las más diversas formas.

No es lo mismo tratar al niño como una zapatilla que él o ella, tengan poder de decisión sobre el devenir de la vida en general. Es cierto que lo necesitan y sobre todo en cosas relacionadas con su propia integridad física y psicológica, pero muchas veces se confunde liderazgo con autoritarismo cuando los peques necesitan del primero y nunca del segundo. Necesitan escucha, validación, amor.

La segunda mitad de los dos años han sido todo un reto pues las sombras y los TICS en la crianza se han salido con fuerza, nos ha dejado claro que necesita para seguir siendo esa niña mágica y especial.

Los niños reciben nuestro amor cuando son respetados, educados y contenidos, cuando se les da lo que necesitan y no lo que quieren. Acompañar en este caso va de la mano de guiar.

Así de bien lo expresa Naomi Aldort, en su texto Sobrevivir a los dos años. Educar es una carrera de fondo, no es alegrarlo justo en ese momento si no pensar a largo plazo.



Potenciar la responsabilidad



Mi hijo Oliver, de 2 años, estaba sentado junto a mi lámpara para que le leyera. En cuanto terminábamos de leer un libro, quería otro más. Le besé y le dije: “Pon este libro en su sitio, y trae lo que quieras leer”. Era una tarea sencilla, y lo hizo sonriendo. La vida de Oliver estaba llena de tareas pequeñas que podía realizar fácilmente. Los zapatos se quitan cuando llegamos a casa. Luego se guardan. Cada juguete se guarda antes de elegir otro. Su padre y yo le ayudábamos, en caso necesario, a hacer estas cosas con alegría.
A veces el desorden era demasiado abrumador, y terminaba por hacer yo la mayor parte del trabajo. Mi sentido del orden, la autodisciplina y la responsabilidad entraba en escena, con o sin la participación de mis hijos. Verme limpiar la comida que ha caído por el suelo, o ayudarme voluntariamente a hacer esta tarea (a petición suya) eran herramientas mucho más útiles para Oliver que verse obligado a hacerlo él antes de estar preparado de verdad para ello. De la misma manera, mi tono amable de voz, mi generosidad y amabilidad al responder a sus necesidades, le enseñaban todo lo que un millón de palabras no conseguirían comunicar.
A los 3 años, Oliver me pedía que limpiara si la comida se caía fuera del plato. Ya le interesaba este asunto. Por el contrario, mis otros hijos no internalizaron esta actitud hasta mucho más tarde. Cada niño tiene su propio ritmo y su propia tabla de desarrollo. En una relación construida sobre el apego, los niños internalizan todos los matices de nuestra forma de ser, porque confían en nosotros. Cuando somos autodisciplinados, ellos siguen nuestro liderazgo. Cuando viven la experiencia de nuestra amabilidad y gratitud hacia ellos, se convierten a su vez en niños amables, y cuando nos ven cooperar, aprenden a cooperar.


Proporcionar liderazgo en momentos difíciles.



Una niña de 3 años estaba disfrutando alegremente de un baño en la piscina, en brazos de su madre. Cuando quiso dar por terminado el baño, pidió que le pusieran la ropa para jugar en la hierba. En cuanto estuvo vestida, empezó a lloriquear: “Mamá, quiero irme a casa ahora”. La madre le dijo que ahora le tocaba bañarse a su hermano, y que después de 5 o 10 minutos se irían a casa.
La niña se mantuvo inflexible: “¡AHORA!”, gritó, “¡Quiero irme a casa AHORA!”. Esta madre quería satisfacer las necesidades de ambos niños. Lo que hizo fue validar los sentimientos de su hija, mientras la acariciaba cariñosamente: “Quieres irte a casa ahora, y no podemos hacerlo todavía. Estás triste y lloras”. La niña pidió una vez más ir a casa y contó con la validación de su madre, pero no hubo ningún cambio de planes. Una vez su necesidad de empatía fue satisfecha, dejó de llorar y jugó alegremente el resto del tiempo.
En muchos casos, la historia es al revés: un niño no se quiere ir. El reto es el mismo, no obstante. El niño quiere algo que no es posible, ya sea porque entra en conflicto con la necesidad de otro niño, porque es perjudicial, o por cualquier otro motivo. Los padres pueden sentir ansiedad por proporcionar todo aquello que el niño pide, o pánico de hacer frente a un niño contrariado o que llora. Estar al lado de nuestros hijos no siempre significa que sea posible darles todo lo que quieren. La mayoría de los niños que hablan son capaces de comprender y aceptar los límites de la realidad, siempre y cuando les mostremos que nos interesamos por sus sentimientos y que los comprendemos.
Amamantar a demanda, llevar en brazos, responder al llanto o colechar son solo una parte de la crianza natural. Un niño hablará en un tono amable si escucha que sus padres le hablan con amabilidad, a él y a los demás. Es probable que sea cuidadoso con las cosas si ha observado cómo los demás son cuidadosos con su entorno. Aprenderá a compartir si comparten con él, y si se le respeta cuando no está preparado para compartir. Aprenderá a decir “gracias” cuando reciba y observe expresiones de gratitud. La única forma de saber cuándo cabe esperar el desarrollo de ciertos comportamientos es observar al niño. Mientras tanto, los padres pueden guiarlo, no mediante el control o las órdenes, sino mediante el ejemplo y una orientación clara y amable.




martes, 12 de abril de 2011

Cuando pensar es un castigo

Por Laura Mascaró

Poner a un niño de cara a la pared, arrodillado y haciéndole sujetar un par de pesados libros con cada mano no está bien visto. Pegarle es, incluso, ilegal en un gran número de países. En las sociedades occidentales los padres suelen disponer de poco tiempo (y, en ocasiones, de pocas ganas) para buscar otras formas más eficaces de disciplinar a los hijos. De ahí que un programa televisivo nefasto como es la Super Nanny haya tenido tantísimo éxito. Como los castigos, en el sentido tradicional del término, empiezan a ser políticamente incorrectos, los adultos hemos recurrido no a nuevas estrategias sino a nuevos eufemismos.



Hay un castigo clásico llamado “time out” (tiempo fuera) que consiste en aislar durante cierto período de tiempo al niño que se ha portado mal. En primer lugar, deberíamos revisar el concepto de “portarse mal”. ¿Se ha portado mal el niño de dos años que ha derramado el vaso de leche porque todavía no ha terminado de desarrollar su motricidad fina? ¿Se ha portado mal el niño que ha montado un escándalo porque no quería bañarse a la hora que tú has decidido que debía hacerlo? En segundo lugar, deberíamos revisar, también, nuestras normas que, normalmente, son arbitrarias y tienen poco sentido. ¿Es realmente tan importante merendar a las cinco y no a las seis de la tarde?


¿ O tendría más sentido que el niño merendara cuando tuviera hambre? ¿Es tan importante ver la tele sólo durante una hora al día? ¿O tendría más sentido negociar con él para que pueda ver su programa favorito completo en vez de disponer sólo de cierta cantidad de tiempo? Hace unos días, un amigo me contaba que su hijo de cinco años había estado jugando al fútbol dentro de casa y que había roto una bombilla. Su padre (mi amigo) le explicó por qué no era conveniente jugar al fútbol dentro de casa y por qué era peligroso que se hubiera roto la bombilla. Además, le impuso un castigo consistente en no bajar al parque con él a jugar a fútbol por la tarde, tal como habían quedado. Mi amigo no se daba cuenta de que el niño no había tenido ninguna intención de romper nada (ni la bombilla ni las normas familiares); de que, muy probablemente, había tenido suficiente con el susto de ver que la bombilla le caía encima hecha pedazos (no digamos ya de ver el enfado de su padre); y tampoco se daba cuenta de que aunque, en efecto, las acciones tienen consecuencias, el prohibirle bajar al parque no es en absoluto una consecuencia lógica y natural del hecho de haber roto la bombilla.

Aplicando este tipo de consecuencias artificiales lo que conseguimos es que nuestros hijos se esfuercen por no ser descubiertos en futuras ocasiones y esto implica que empiecen a mentirnos. Si nuestros hijos confían en nosotros y se sienten seguros en nuestra compañía, nos contarán las cosas que han hecho o que les han pasado. Pero, si no confían en nosotros y no se sienten seguros porque saben que les caerá una “consecuencia”, lo más probable es que no nos lo cuenten. Ni a los dos años, ni a los siete ni a los dieciséis. ¿Es ése el tipo de relación que queremos tener con ellos? Porque es fácil quejarse de lo herméticos que son los adolescentes y no querer darse cuenta de que, quizás, somos nosotros los que hemos alentado esta actitud cuando, de pequeños, los hemos mandado a “pensar” en vez de hablar con ellos.

Aislar al niño por haber incumplido normas que quizás no comprende (y que quizás no tengan ningún sentido) supone una enorme falta de respeto hacia él, además de una humillación totalmente innecesaria (como toda humillación, dicho sea de paso). Se le ha cambiado el nombre al clásico “time out” y ahora se le llama “silla o rincón de pensar”. Con lo cual convertimos el pensar en un castigo. Quiero creer que, en realidad, no queremos que nuestros hijos crezcan con la idea de que pensar es un castigo. Sin embargo, ése es justamente el mensaje que les transmitimos. Es más, durante el tiempo que dura su aislamiento (que, según “expertos” como la Super Nanny ha de ser equivalente a un minuto por año de edad) lo que el niño piensa en realidad es cómo evitar ser descubierto la próxima vez; y la lección que aprende es que gana el más fuerte o el más astuto. De este modo, el niño aprende a calcular el “precio” de sus acciones y a decidir, en cada caso, si vale la pena o no asumir el riesgo. Desde los años 50, los científicos que han estudiado la disciplina han venido clasificando a los padres en función de que basaran sus actos hacia los niños en el poder o en el amor. La disciplina basada en el poder incluye (o puede incluir) pegar, gritar y amenazar. Los castigos, por supuesto, son una forma de amenaza, un claro chantaje: “si no te acabas la comida, no podrás salir a jugar”, por ejemplo. La disciplina basada en el amor, en cambio, incluye prácticamente todo lo demás.


A los lectores interesados en conocer alternativas prácticas y reales al castigo, les recomiendo encarecidamente la lectura de los libros “Por tu propio bien” de Alice Miller, “Crianza incondicional” de Alfie Kohn, “Ser padres sin castigar” de Norm Lee (disponible gratuitamente online), “Padres liberados, hijos liberados” de Adele Faber y Elaine Mazlish y el libro de Rosa Jové sobre las rabietas que está a punto de ser publicado. Para ir abriendo boca, pueden buscar en internet los siguientes artículos: “Cinco razones para dejar de decir muy bien” de Alfie Kohn, “Las rabietas” de Rosa Jové, “Ayudar a los niños a resolver conflictos emocionales” de Naomi Aldort o “Educar sin castigar” publicado por quien suscribe estas líneas en la revista www.atalisdigital.com (pág.47).

martes, 21 de diciembre de 2010

2011. UN PROYECTO PEDAGÓGICO: NIDIA


Nidia, del latín: El pájaro que sale del nido para emprender el vuelo.

Hace unos meses una amiga y compañera de crianza nos embarcamos en lo que antes del verano había quedado en una idea. La estamos intentando materializar. El proyecto no es ni más ni menos que la creación de una escuelita (en este caso no homologada) para niños de entre 3 y 6 años en la ciudad de Madrid. Nuestra inspiración son nuestras propias hijas y el descuidado sistema educativo a nivel autonómico y nacional.

Si hemos intentado darles la mejor bienvenida posible, la lactancia prolongada, el colecho, velar por su salud física y mental, e incluso intentar reparar la nuestra llena de tics nacidos del desamparo y las carencias por daños transgeneracionales, ¿por qué no vamos a intentar que esos años, hasta la fase operativa no sean lo más respetuosos posible con ellas? Es más, Catuxa no ha estado escolarizada hasta ahora. Ha sido duro, con papá y mamá trabajando en horarios distintos, pero ha sido hecho con premeditación y alevosía antes de quedarnos embarazados, yo me negaba a meter a mi futura hija en una guardería con 4 meses. Era una condición sine qua non. Ella ha podido estar en casa, en un ambiente acogedor, de hecho, ya solo por este detalle, no hay muchos niños que estén en la misma situación, hay que buscarlos con lupa. Y hay algo que exaspera, me exaspera mucho, es esa “filosofía de parque” que dice que les viene bien ir a la guarde, que así espabilan, que se enteran de que va el mundo, cuando en realidad  esas palabras esconden una gran tristeza, ¿por qué la gente no se abre? Yo no me considero nadie sobre protector, solo baso mis decisiones en el simple hecho de observar las necesidades de mi hija, lo que procede y lo que no, lo que sería forzar y lo que no, no confundo resignación y adaptación. Entiendo que haya gente que no le quede más remedio, todo un debate sobre la consciencia, los poderes y el traer hijos a este mundo.

A las dos se nos abren las carnes con las ratios, 25 niños por maestro o maestra, estos maestros mal pagados (para lo que deberían cobrar dada su enorme responsabilidad) y con mil deformaciones académicas y muy poca motivación, cuidado, no digo que no haya alguno o alguna que se curre su puesto con sudor, un puesto que está más cerca del imposible que del difícil, gracias a las políticas educativas, aquejadas ahora y aún encima por esta crisis financiera perpetrada por cuatro banqueros especuladores con la connivencia de los estados.

Se da la casualidad de que la educación en este país, elitista o no y según el último PISA (un informe que hay que leer con mucha prudencia ya que solo atiende a resultados) de la OCDE no funciona. Un adolescente de 15 años se pierde en la tercera línea de compresión lectora, los contenidos son metidos en las cabezas a fuerza de chuparse 7 u 8 horas de clase y de deberes y más deberes, las cosas se memorizan, no se aprenden ni se enseñan, se fomenta la competitividad, y muchos niños ya con solo 3 añitos llegan echos polvo emocionalmente a los colegios, no digamos cuando acaban.

Hace poco me comentaba mi tía, docente, que al hijo de 7 años de un primo mío, matriculado en un colegio concertado con buena fama académica al que no se adaptaba, un psicólogo le estaba administrando “hormonas” para que se tranquilizara. ¿A dónde vamos?

La labor es ardua, estamos en trámites de convertirnos en asociación. Le hemos dado toda la trascendencia posible. Hemos hecho ya tres reuniones, muchos padres vienen curiosos, unos se rajan, otros sí pero no. Hemos leído; visitado personas, una de la que más nos ha impactado es la sabiduría de la antigua presidenta del Parto es nuestro, vicepresidenta ahora de Otra escuela es posible, Maribel Orgaz; visitado proyectos (maravillosos y valientes como El ARCO), colegios: Waldorf, Montessori, Escuela Libre, todos tienen el inconveniente de ser tremendamente elitistas y/o estar muy solicitados (inversión que aplaudo ya que estos niños bien podrían estar en ambientes más hostiles), o que en último caso habría que mudarse, algo dada nuestra situación es imposible, ahora mismo yo soy el sostén económico de la familia y mi trabajo (de conservarlo) no estará en breve nada bien comunicado.

Así que ahora mismo estamos en fase de buscar compromisos reales, informarnos, buscar local y educador o educadora. Me alienta la determinación y el optimismo de mi compañera de proyecto Mélani, sin ella esto sería imposible. Claro que habrá que hacer una inversión por parte de todos, por eso buscamos a unos 10 padres implicados de modo que esto pueda adaptarse más a los bolsillos aunque nuestra economía tenga que sufrir algún ajuste, ¿qué mejor manera de gastar el dinero? Después de que nuestras hijas cumplan los seis años, quién sabe, iremos poco a poco, entre rumores como el que dice que se quiere hacer obligatoria la educación a partir de los 3 años, por un tema de equiparación de sueldos de los profesores.

Desde aquí pido a los Reyes Magos que en 2011 le traigan a mi hija un proyecto de escuelita que sea la continuación de su hogar, en la que aprenda, se relacione con sus iguales y sobre todo juegue!

Os enlazo nuestro Foro por si tenéis curiosidad quienes os paséis por aquí.

lunes, 20 de diciembre de 2010

POR EL DERECHO DE EDUCAR Y ENSEÑAR EN CASA


La semana pasada, la sala 1ª del T.C. dicto sentencia contra el derecho de unos padres de educar a sus hijos en casa. Como curiosidad diré que si creo que son los que yo me imagino, todo empezó por una rencilla entre la familia y en concejal de turno que hizo la denuncia.  Así acaban los vacíos legales en este país. Escandaloso.
Esto no nos quita a la gente que tenemos mucha ilusión aunque poca energía, las ganas de seguir y luchar por otras opciones educativas para nuestros hijos. Señor legislador, señora legisladora, pongámonos manos a la obra!

Aquí podéis leer el comunicado oficial de A.L.E.

Y aquí os podéis unir a esta manifestación bloguera a propuesta de Silvia Cachia

martes, 30 de noviembre de 2010

MOMO CARDONA, EDUCADORA: Nunca aconsejaría la falta de límites

Últimamente estoy releyendo el libro de Rebeca Wild "Libertad, Límites Amor y Respeto". Desde mi cerebro de ex-puérpera lo veo ya de otro modo, sé que me están queriendo decir y lo he aprendido através de mi hija. El sábado acudí con una amiga a una charla de Margarita Landazuri sobre su experiencia como adulta acompañante en el colegio Pestalozzi, muy interesante y educativa (para madres y padres). En cuanto pueda la colgaré en el blog. En el número de The Ecologist dedicado a la familia nos encontramos con esta entrevista de una experiencia similar.

Entrevista a Momo Cardona por Antonio Blanco para The Ecologist nº 43.




NUNCA ACONSEJARÍA LA FALTA DE LÍMITES
Momo Cardona, es educadora y trabaja por su cuenta. Su último proyecto es Momo amb La infancia”. Según ella “trabajo para dar servicio a toda persona relacionada con los niños y desee generar “el arte de educar” acompañando.
Unos de sus lemas es “Si yo, adulto, te amo a ti sin condiciones, tú te sentirás amado y amarás. Si te respeto tú respetarás. Si confío en ti, tu confiarás en la vida y en ti mismo. Si te permito ser, tú serás lo que quieras, ya que es tu derecho”. El problema actual en torno a la educación infantil, es que el fracaso de la sociedad es absoluto (nos imaginamos, a la sociedad contemporánea).Las familias se descomponen los padres no están en casa, en la escuela se imponen sistemas ajenos al sentido común, los profesores han perdido toda la autoridad, todo es un descalabro absoluto...Mientras, renacen otras formas de educar en las antípodas de los sistemas oficiales y oficialistas.

¿Qué es “Momo con la infancia?”

Una vocación, coherencia, compromiso y amor a los niños. A la vez sintiendo la necesidad que expresan muchos adultos, ofrece: escucha, empatía, asesoramiento y acompañamiento, cursos...

¿De qué hablas cuando hablas de “el arte de educar”?

Educar suele ser un “yo adulto te digo lo que tienes que hacer, como hacerlo y cuando. Me pongo frente a tí y dirijo tu vida, la manipulo, la invado y chantajeo. Robo tu libertad y tu creatividad y te preparo para un mundo competitivo donde “tener” está más valorado que ser. Te cubro de expectativas, te traspaso miedos y frustraciones, te amo dependiendo de como te portes, antepongo mis necesidad a las tuyas y te entrego en manos del sistema incluso antes de nacer.” El arte de educar es preguntarme si estoy dispuesta a trasformar mi vida por ti, en confiar en tu genuino potencial, es permitirme que experimentes la vida, es no invalidar tu autonomía y poder de decisión, es aceptar todas tu emociones, es convertirme en una adulta humilde que te observa para aprender de ti, es proporcionarte aquello que necesitas para completar tu evolución, es respetar tus procesos de vida, es ofrecerte seguridad y confianza, es permitirte ser lo que tu quieras, es ponerme a tu lado y acompañarte, haciendo un trabajo íntimo y profundo conmigo misma para facilitar tu camino.

RESPETO Y AMOR

-¿Por qué según tú, es necesario tu trabajo?

Porque los niños merecen, por derecho de nacimiento, ser respetados, amados y protegidos, y esta s nuestra responsabilidad.

-¿Quién educa pero a sus hijos?

No me siento cómoda con la palabra “peor”, aunque creo entender tu pregunta. Educa pero quien está peor. Según Erich Fromm “no existen niños difíciles si no adultos difíciles”. La realidad es que hay papás que todavía no pueden aceptar esto, y, si no somos capaces de revisar nuestros propios malestares, dificilmente comprenderemos, aceptaremos y acompañaremos los malestares de los niños.


 ¿Quién fracasa más, las escuelas o las familias?

Para mí el fracaso es global, puesto que la sociedad somos todos, ha normalizado lo que en mi opinión no tiene nada de normal.

FRACASO Y CONSECUENCIAS

 ¿Cuáles son las consecuencias de este trabajo global en la educación?

Estrés, agresividad, impaciencia, intolerancia, frustración, impotencia,desidia, vacío, falta de respeto, confusión, tristeza. Más niños diagnosticados y medicados, más bajas laborales. Más consumo de sustitutivos de calidad de amor, más actitudes temerarias.
 ¿Surgen nuevas formas de educar, como educar en casa?

Más bien diría que resurgen formas que ya existían, basadas en el sentido común, aunque muy opuestas a los intereses que nos rigen...que las llamamos alternativas. En Europa y América estas alternativas son aceptadas por el Estado. En Michigan por ejemplo, Clonlara school tiene diseñado un programa de apoyo a familias que educan en casa extensivo a todo el mundo y del que España se beneficia. Existen también escuelas activas, asamblearias, no directivas, libres, dependiendo de las bases pedagógicas distintas, aunque en nuestro país todavía no son reconocidas ni legales cuando los niños superan la edad de 6 años.

 ¿Qué experiencia has tenido?

La primera y preciosa, acompañar durante tres años a 20 niños de entre 3 y 9 años, en un espacio respetuoso, diseñado para poder avanzar en las distintas etapas evolutivas. El respeto a sus procesos vitales, la no manipulación, ni invasión ni expectativas, la ausencia de curriculum, de libros de texto, de calificaciones, la presencia exclusiva del adulto, la oportunidad de vivir la autonomía, la libertad, ls normas y los límites hicieron posible que mis intuiciones fueran realidades. Acompañé a niños vivos, alegres, libres, responsables de si mismos y con poder de decisión. Niños con tal presencia que objetos que se pueden considerar peligrosos nunca lo ha sido para ellos (resumen de la transcripción). Niños creativos, respetuosos, seguros, confiados, autónomos, con capacidad de solucionar sus propios conflictos, no competitivos. Niños que, “jugando”, integraban mates, leyes físicas, química, lectura, escritura, artes... Viví en un entorno relajado, acompañé emociones, conté cuentos, corrí y jugué al escondite, lloré, reí, canté, y descubrí que ellos son mis verdaderos “maestros”. Posteriormente inicié la etapa de “acompañar” al adulto en diversas modalidades: escuelas, proyectos, familias...

NIÑOS Y SOLEDAD

¿Pueden los padres educar si apenas están en casa?

Lamento decir que no.

¿Cuál es el equilibrio correcto entre la autoridad y el “campi qui pugui”?

Si te refieres al equilibrio entre libertad y límites, nunca aconsejaría la falta de ellos. He visto niños muy perdidos con auténtico caos interior y exterior, pidiendo a gritos “por favor adulto ¡párame!, no puedo ser responsable de lo que todavía no me pertenece, no me des lo que no puedo gestionar por mí mismo”. Y este caos, nos guste o no, lo origina el adulto confundido. Confundido en “quiero que te sientas libre, y por lo tanto no te puedo decir no a nada, mucho menos castigarte (eso me lo hicieron a mí y sé lo humillante que es)”. Sin embargo, poner un límite claro y firme, desde la calma, el amor y el respeto, garantiza seguridad, confianza, armonía y equilibrio, nada que ver con lo mencionado anteriormente.

FRACASO ESCOLAR: ESPEJO DE UNA SITUACIÓN GLOBAL

El fracaso escolar tiene en España tasas altísimas, alarmantes. Ya no es responsabilidad exclusiva de los chavales. La cosa va mucho más allá. Hoy ya los especialistas se atreven a hablar claro. La desestructuración social global y el que existan cada vez estructuras familiares más débiles hace que los niños se encuentren en una situación precaria en diversos aspectos. Desde bebés, pasan gran tiempo de su tiempo en guarderías. Se habla ya de desarraigo afectivo de los niños, un desarraigo que tendrá “implicaciones negativas en su posterior desarrollo psicológico agravado por la falta de tiempo de los progenitores para supervisar su proceso madurativo”. Según el informe “Magisterio”, de 2008, el 31,2% de los jóvenes entre 18 y 24 años no terminó la Secundaria superior; en el resto de Europa este porcentaje no llega al 15%. La revista especializada Magisterio, en su informe sobre el abandono escolar temprano en España en el 2008, da cuenta de que el problema en España no da tregua y sigue creciendo. La novedad reside en que los especialistas hablan cada vez más de factores exteriores para evaluar los casos. Si fallan las estructuras sociales y familiares y los valores de la propia escuela, ¿de quién es el problema, de los niños y chicos, o de la sociedad en general?
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