Este Post lo escribí después de decidir destetar a mi peque, con sus cuatro años y medio, allá por febrero 2013...ahí va!!!! En cuanto tenga un ratillo, escribiré sobre mi nueva vida, con trabajo nuevo y casa nueva!
Estos días ando a vueltas con este tema, el de los límites y el de la contención. Comencé a abordarlo con Yolanda González hace ya dos años, cuando me dijo que se estaba encontrando con muchos niños desesperados que venían de "crianzas respetadas" por faltarles "tierra" bajo los pies. Y este es un tema que en este tipo de discursos, no sé muy bien por qué, se elude o se vadea.
Estos días ando a vueltas con este tema, el de los límites y el de la contención. Comencé a abordarlo con Yolanda González hace ya dos años, cuando me dijo que se estaba encontrando con muchos niños desesperados que venían de "crianzas respetadas" por faltarles "tierra" bajo los pies. Y este es un tema que en este tipo de discursos, no sé muy bien por qué, se elude o se vadea.
Después de una charla con la pediatra de Catu por el tema de su destete con su cuatro años y medio, con la terapeuta, mi querida Marián discípula de la Gutman y otra mucha gente, he tocado de nuevo el tema de la CONTENCIÓN.
Los hijos crecen y los padres y madres que crecen con ellos y con sensibilidad a estos temas compartimos un leit motiv en nuestras conversaciones, un lugar común del que no conozco a nadie que no haya estado llegado un punto, la confrontación de sus deseos y los nuestros.
El mostrar nuestros deseos propios o hacia ellos (contando con las circunstancias de la crianza), mucha gente lo interpreta de un modo traumático por las razones que expondré después, es lo que les ayuda a saber que cuentan con algo debajo de sus pies. Cuando faltan vienen la rabia, el miedo y la cooperación destructiva.
Muchas veces (sobre todo en el caso de las mamás) nuestros límites son algo difuso porque entran muchos factores.
- Factores como la culpa. Por ejemplo: he pasado tiempo sin verla y la sobrecompenso, desde ese lugar, el de la culpa, o desde el "no quiero hacerle lo que me han hecho a mí" muchas veces totalmente inconsciente (Sobre el tiempo se podría abrir otro debate, ya no estamos en continuum y presencia física no siempre es presencia espiritual, máxime en esta época de nuevas tecnologías e idilios con móviles y ordenadores, por lo tanto a estas alturas si cabe hablar de cantidad y calidad, creo yo) "Solo yo sé lo que necesita y conmigo está mejor que con nadie". Falso, nuestros hijos crecen, si todo ha ido bien necesitan del mundo tal y como es, eso no tiene por que significar entregarlos al sistema ciegamente.
- La paupérima identificación de las necesidades propias cuando los niños van siendo mayores. De este pie flaqueamos todas por la educación y crianza que hemos recibido, vivimos en una desconexión brutal.
- El confundir respeto al niño con exceso de poder en ciertas decisiones, ya no son bebés y se acabó aquella poética (comienza una nueva!) no saber decir que no, o "no puedo, hijo" de una forma decidida, amable y cariñosa, nos provoca un gran batiburrillo que incluso hace que acabemos enfadas con nosotras mismas, nos llenemos de rabia y la proyectemos en el niño (ellos sí detectan todo con mucha más claridad)
Es curioso que a través de nuestros hijos y con total inconsciencia volvamos otra vez a ponernos el "yugo" que teníamos con nuestros padres y del que paradójicamente queríamos escapar, y, lo peor, a los peques les provoca un enorme sufrimiento ya que al saber que no lo tenemos nada claro con nosotros mismos, cooperan para que "nos aclaremos" ¿De que forma? Sobre todo expresando mucha rabia y desazón "viendo a ver" hasta donde pueden llegar para que nos aclaremos, nos aclaremos no con ellas, si no con nosotras mismas. Ellas necesitan esa "tierra" debajo de los pies para crecer seguros. El estar a bien con una misma, quererse, tolerarse, respetarse, nutrirse y gustarnos, debería de ser lo primero, porque por extensión nuestros hijos serían los siguientes.
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"Los amigos" dibujo de Catuxa- Nov 2012 |