viernes, 21 de octubre de 2011

27 cosas que deben haber experimentado los niños antes de cumplir los seis años.




Aunque se me antoja demasiado “Norteño” me gustaría pegaros aquí esta lista realizada por educadores daneses de escuelas infantiles verdes y extraída del blog del Grupo de juegos saltamontes. Digo norteño porque echo de menos pisar la arena de la playa (de todas: mediterránea, atlántica, volcánica…) bañarse en el mar, sentir las olas, bañarse en un río…

La semana pasada estuvimos por la Vera, visitando a unos amigos, disfrutando de la naturaleza en una casa sin muchas comodidades pero sí con calidad de vida, que muchas veces se confunde una cosa con otra.






Pensando en que algún día quizás, demos el salto. Arriba unas fotitos, antes de la recolección de fresas de otoño y de bañarse en un río (a mediados de Octubre!)

martes, 11 de octubre de 2011

Genialidad y Aprobación paterna


Hay algo que me ronda la cabeza últimamente. No hago más que leer en biografías de genios y grandes creadores la siguiente coincidencia: Einstein: su madre le repetía que era retrasado, Mozart su padre le obligaba a ensayar horas y horas lo castigaba y amenazaba, Nietzche no gozó nunca del amor espontáneo de su madre, Bergman era sucesivamente azotado por su padre con la connivencia de su madre, Steve Jobs: fue dado en adopción por sus padres biológicos… las gentes del mundo del deporte y los grandes logros físicos tampoco se salvan.

Ninguno o casi ninguno disfrutaron del amor y aprobación de sus padres biológicos o adoptivos en su infancia. No me quiero poner demasiado psicoanalítica , pero no puedo evitar que me huela a reacción causa-efecto. Nace la creación y la genialidad, el progreso del hombre blanco, como una forma de reivindicación del amor que no se tuvo? el tesón y el sacrificio como un modo de que nos acepten? ¿De que el mundo nos reconozca? ¿de que nos aprueben? de gritar! Hey! Existo! Queredme!!

Puede ser que sí…puede ser que no. Da para pensar y reflexionar. Sería el mundo en el que vivimos distinto de no existir la represión patriarcal? habría llegado el hombre a la luna? Existiría el requiem de Mozart?

"Según la opinión preponderante, estas personas-orgullo de sus padres- deberían tener una autoconciencia sólida y estable. Pero ocurre precisamente lo contrario. Todo cuando emprenden les queda entre bien y excelente, son admirados y envidiados, cosechan éxitos allí donde los consideran importante, pero de nada les sirve todo esto. Detrás acechan la sensación de vacío y autoextrañamiento, de vivir una existencia absurda, en cuanto se esfuma la droga de la grandiosidad, en cuanto dejan de estar on top. De tener la seguridad de la superestrella o cuando los invade el repentino sentimiento de haber fallado ante cualquier imagen ideal se sí mismos. Y entonces son ocasionalmente torturados por miedos o serios sentimientos de culpa o vergüenza."

Alice Miller en el Drama del niño dotado

lunes, 3 de octubre de 2011

Aquí no se tira nada...






Una mamá que tiene a un bebé


Circuito para bolitas y barra de poliestireno para pintar



Cocodrilo de cartón

Barra de poliestireno para clavar puntas y sacarlas



...o como echarle imaginación a las tardes ...

Por la conciliación, si es que existe los primeros años.




¡En la semana mundial de la lactancia materna que en España se celebra del 2 al 9 de Octubre!

Gracias a Ira por esta inicativa con la que mi hija y yo nos sentimos plenamente identificadas.


Tardé mucho tiempo en poder escribir sobre esta etapa de mi vida, la recuerdo como una de las más dolorosas, si no, la más, de mucho sufrimiento más que dolor, de brusco encuentro con una misma y con la sociedad en la que vivo, como dejé plasmado en las primeras entradas de este blog. Recuerdo con horror la presión de la incorporación a mi trabajo, horror del que tomé conciencia más adelante. Después de prolongar como pude, con vacaciones y horas de lactancia mi permiso de maternidad, me incorporé un 23 de febrero, cuando mi hija contaba con seis meses recién cumplidos.

Las primeras noches, que pasaba yo sola con ella fueron muy duras, yo me ausentaba por las mañanas y aquellas cuatro horas que dormía del tirón pasaron a convertirse en tres, o incluso dos o una. Noches interminables llenas de despertares reclamando mi presencia física y emocional. Madurgones, agotamiento y mi cuerpo lleno a rebosar de porlactina y progesterona, en resumen, atravesando mi puerperio. Muchas veces me preguntaba si estaba sola en eso. Veía y veo a mujeres a mi alrededor en mi misma situación que no parecían, digo parecían, estar pasando por nada similar, o resignadas a este respecto. Oía hablar de Estivill, o de cunas en otras habitaciones, Biberones, Ibuprofeno y te preguntas si al final en el lote “madre trabajadora fuera de casa” iba incluido todo eso y yo no estaba más que volando demasiado alto, aspirando a demasiado en esta sociedad. En este sentido y al cabo de unos meses encontré en Internet mi tabla de salvación, los foros. De repente me percaté que no estaba sola, que había mucha gente como yo, exactamente con mis mismos problemas, compartirlo me ayudó muchísimo.

Me sentía sola, enfadada, agotada, sorprendida de que criar con un mínimo de apego trabajando fuera fuese tan desgarrador y de repente me dí cuenta del enemigo que tenía delante, esta sociedad que hemos creado, en un país que se supone progresista y avanzado.

En vez de aceptar o asumir, luché y viví en tensión muchos meses, comencé a cogerle manía a mi hija por las noches, ya que además tardaba en dormirse y vivimos episodios muy desagradables. Recuerdo bien su carita de bebé inteligente y desconcertado ante mis salidas de tono, mi rabia y mi nerviosismo, apenas tenía paciencia y la tensión era tal que era ya incapaz de dormirme porque sabía que al poco se iba a despertar. Tampoco ayudó el hecho de que mi menstruación ahora dolorosas y acompañadas de un síndrome premenstrual muy marcado aparecieran al disminuir la demanda. Algo a lo que pensé que nunca me acostumbraría, ahora miro atrás y me sorprendo de la capacidad que he desarrollado para entender todo lo que le sucede, aún así siempre me he debatido entre mi bienestar que estuvo al límite y está durante largo tiempo, y el suyo.

Ninguna teníamos ni tenemos a culpa de nada, al final somos todos, la sociedad, la que poco a poco debería de entender que eso que llaman conciliación, no existe, al menos los primeros años de vida de una criatura. O se renuncia por un lado, o se renuncia por otro, de repente me dí de bruces con la cruda realidad, llena de necesidades creadas, entendí porque se somete a los bebés y a los niños a torturas conductistas a la hora de alimentarse o dormir, entendí porque se les manda a las guardería, y se les despierta tan temprano, actitudes que nacen muchas veces hechas desde el amor, siempre desde la ceguera o la sumisión.

Sí podría caber un trabajo por horas, dónde no se tuviera que madrugar o a donde se pudiera ir con el bebé. Si hubiese voluntad política… se sabe que un permiso por maternidad prolongada, constituye una inversión social a largo plazo en un país, así nos luce el pelo a nivel global. Mi hija tuvo la bendita suerte, de hecho estaba premeditado, de quedarse con su padre por las mañanas, pero esos momentos de angustia se nos han quedado ahí clavados. Y un sentimiento de culpa que tardé tiempo en desembarazarme de él, no entendí la dinámica en la que vivíamos, por qué hay que generar tanto sufrimiento en las madres y en los bebés.



Pero no cayó en saco roto, gracias a ese momento comencé a desempolvarme a mi misma, a la infancia que me había tocado vivir y al mundo en el que me tocó crecer.








viernes, 30 de septiembre de 2011

¡36 horas sin teta!

Después de 37 meses de "teta continua", la verdad se me hizo raro. Fue una sensación agridulce: Agria porque sentía que me faltaba alguien y dulce porque sabía que ese alguien estaba bien así, o al menos lo parecía.

Resulta que este jueves 22 vino la abuela de Catu, mi madre. Ya este verano pudimos comprobar que las dos tienen buena relación, curiosamente coincidió con la jubilación de mi madre que pudo dedicarle a su nieta las poquísimas horas que se ven algo de tranquilidad, de atención mínimamente concentrada, ya que cuando Catu era bebé mi madre no le hacía demasiado caso (no hay que perder de vista que estas personas se criaron en la firme convicción de que los bebés “no se enteraban de nada”)

Ahora es diferente, claro, Catu ya habla, ya se expresa, deja muy claro que lo que quiere, lo que le gusta, así que ya no hay “escapatoria” y parece que la relación fluye, a base de helados, dulces, parque etc etc, preguntándome a veces quien cuida de quien. Además Catu siempre supo que quería a su abuela y su amor si es incondicional.

Así que a pesar del tremendo trancazo y la migraña que me atenazaron estos últimos días el papá de Catu y yo, viendo que no pintábamos nada como “no compradores de helados” nos fuimos a dar una vuelta la noche del viernes 23, la primera en más de 3 años. Ese día dado que yo estaba muy cansada y mi madre andaba por casa, Catu no pidió teta, también durmió con mi madre las dos noches. Le encanta! Así que me pasé 36 horas sin darle teta a mi hija, que ni mucho menos me tomé como un destete, ya que hemos vuelto a la carga con fuerza.

Ya digo que la sensación fue rara, se me hizo extraño y definitivamente me percaté de que mi hija se empieza a “separar” de su mamá y digo empieza porque aún nos queda un largo camino que recorrer juntas!

Curiosamente me disponía a traducir un fantástico artículo sobre destete, pero Eloísa me ha sorprendido con este, completísimo!. Yo siento que mi hija sigue teniendo “agujero de madre” y es que hacemos lo que podemos con lo que nos ha tocado vivir a nosotras, como madres. La lactancia es ese momento fantástico que ayuda a taparlo, no lo es todo, claro que no, puede haber problemas de vínculo auténtico muy duros, pero no lo vamos a negar, su valor físico y emocional son muy grandes.


miércoles, 28 de septiembre de 2011

No a la violencia obstétrica

La lucha contra la violencia obstétrica se libra en muchas plazas, para mí, la mejor y la más dura es la del día a día, hablando, compartiendo información, preguntando a embarazadas como van a parir…

Así me doy cuenta de que todo está relacionado, hay violencia obstétrica porque los partos son algo mecánico, masificado y sujeto a un protocolo. A pesar de que pagamos unos 60 euros al mes de nuestro sueldo a la Seguridad Social (institución que produce sarpullidos entre los mercados y magnates neoliberales) nos encontramos con profesionales e infraestructuras que nos invitan a hacernos una idea de lo que le va a esperar el resto de la vida a nuestro bebé. Una sociedad fría y dura que parchea problemas de salud mental y física de mil formas cuando ya es demasiado tarde.

¿Qué tendríamos que hacer para conseguir partos respetados, ¿qué podríamos aportar mujeres y hombre para que este sea así? Luchamos las mujeres que dormíamos en nidos ya desde la primera noche de nuestra vida con otros bebés que lloraban por su madres, mujeres que nacimos ya bajo absurdos protocolos, que solo se saltaban porque la madre era muy joven y paría ella sola. No queremos que esto sea así, con nosotras ni nuestros hijos. Tampoco queremos el “si lo le gusta, váyase” así que habrá que ir cambiando las cosas, con valentía, por parte de nostras mismas (también es un trabajo interior no dejarse poner en manos de estos métodos) y de los profesionales, poco a poco.

No me gustan que algo se ponga “de moda” porque significa que sea bueno o malo tiene los días contados. Pero sí entiendo que hay momentos en los que se tiene que gritar y difundir de algún modo u otro, no me gustaría que esto quedara entre "las de siempre" así que creo que se impone reenviar esta "anécdota de la SEGO" entre nuestros conocidos y allegados. La violencia obstétrica es un gusano interiorizado en la sociedad, en nosotros y nosotras mismas, hasta que adquirimos consciencia de ella, como todas las violencias, tolerado e incluso bien visto como bien muestran las viñetas de la SEGO, contras las que se puede firmar aquí.

Para ello Jesusa Rico ha creado esta iniciativa y Prepapá esta preciosa rosa que aquí pego. Al blog se pueden enviar todas la experiencias (rosas) que se puedan haber sufrido en un parto. Por lo que a mí respecta sé con absoluta certeza que me libré de una inne-cesárea.


A pesar de no disponer de infraestructura para poder presentarme hoy en el Paseo de la Habana sede de la SEGO (hoy mi hija se va de excursión con sus compañeros de NIDIA y su papá, con tres trasbordos de metro mediante, y no la voy a “someter” a otra “tortura” urbana con su mamá, esta vez) estaré allí de corazón y me encantaría poder ir. Mientras tanto dedico una rosa a todas esas mujeres entre las que me incluyo (cambié de ginesaurio 5 veces!) y pego una carta escrita por Mónica Delgado, pediatra de Catu, publicada en la web de EPEN que resume la desazón desde la consciencia.


A veces los médicos necesitamos oír las cosas de una determinada manera para creérnosla.... hay tanta desconfianza aún en la naturaleza y en los procesos de la vida.... y el parto-nacimiento se maneja con tanto miedo en muchas ocasiones, que distorsionamos el momento único, sagrado, especial en el que un nuevo ser nace.
Mi experiencia como neonatóloga durante 6 años, en los que he trabajado en diferentes hospitales de Tenerife, Lanzarote, Madrid... intentando quitar barreras mentales y físicas en las infraestructuras que no apoyan ni se detienen en la importancia del vínculo madre-hijo, es que aún hay mucho camino por hacer.
Me he visto tantas veces condicionada por el resto del personal que corriendo me entregaba al bebé, cuando yo lo único que he querido siempre es observarlo mientras respira encima de su madre. He sentido en mi piel el dolor de su respiración al cortarle antes de tiempo el cordón, el estado de agotamiento en el que a veces llegan a mis manos tras tantas agresiones innecesarias, la violencia que reciben nada más nacer, "para que llore"... como si vivir y llorar fueran sinónimos...la angustia de las personas que me rodeaban en una reanimación, cuando yo quería darle su tiempo al bebé y que se recuperara a su ritmo... He sido feliz cuando no he tenido que hacer nada, cuando he encontrado a matronas sensibles que me han apoyado y han permitido que les ausculte su corazón encima de sus madres, o que les controle el pulso mientras aprendían a respirar encima de sus madres... han sido en contadas ocasiones...
Cada bebé que se separa de su madre sin motivo, yo lo he sentido en mi piel... he pedido perdón a tantos recién nacidos por cosas con las que no estoy de acuerdo, y que he hecho y he visto hacer, vitamina K intramuscular, tomarles medidas nada más nacer, aspiraciones gástricas innecesarias, meterles en incubadoras para darles un "calentón", las primeras 2-3 horas de vida, glucemias y biberones de fórmula artificial sin control... cuantas veces he tenido que soportar el llanto intenso, profundo, desgarrador, de un recién nacido totalmente despierto, disponible, expectante, que no comprende ESE VACÍO, en el que le hemos metido y ESAS AGRESIONES que está recibiendo continuamente...
Mis preguntas siempre han sido ¿POR QUÉ? ¿PARA QUÉ?
Ser responsables del dolor que generamos, de las consecuencias de nuestros actos, es una necesidad apremiante para salir de la ignorancia, de los "aquí siempre se ha hecho así" o de los "porque sí" que han poblado mis años de formación y práctica médica.
Pedir perdón también... por a veces nuestra falta de valor de decir hasta aquí, el miedo a las críticas entre el personal, no definirnos por falta de tiempo, porque hay demasiado trabajo, porque estamos cansados, porque la dirección no cambia las cosas, porque "aquí eso no se puede hacer"...
Hay cosas que sinceramente no deberíamos permitir, y ese dolor en mayor o menor medida, todos los que trabajamos en paritorios y en unidades neonatales lo llevamos dentro.
Esto es algo que SIEMPRE he pensado, pero que con los años de vivencias ha arraigado más profundamente en mí, y ya el revivir la experiencia de mi propio nacimiento en varias ocasiones, me hizo sentir muchas cosas, que me han llevado a abandonar mis lugares de trabajo y buscar a profesionales que compartan y vivan esta visión del parto-nacimiento.
Desde aquí me gustaría invitar a una reflexión personal y a solas con uno mismo, a las personas que trabajamos en el mundo del nacimiento, a encontrar nuestros miedos, a sanar nuestras vivencias de cómo nos recibieron al nacer, a ponernos en la piel de un bebé, para poder ESTAR en un paritorio con la sensibilidad, el amor y el respeto que cada ser que viene al mundo merece.
Gracias
Mónica Delgado Guerrero, pediatra neonatóloga. Madrid

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Frutas y verduras contaminadas

El otro día vistando el blog de la linda Yasmin, recordé cuan abandonada tengo mi sección "ecología" del blog.




Pues bien, me gustaría dar difusión a una web, de las muchas que hay ya afortunadamente, donde se explica claramente cuales de las frutas y las verduras que se pueden adquirir en cualquier tienda convencional o en grandes superficies (a las que le tengo mucha manía) y su contenido en biocidas.





Hay unas más "sucias" que otras, aunque por las informaciones que tengo cambiaría algunas de una lista a otra. En casa desde hace ya unos 8 años el 80% de nuestra alimentación es ecológica, compramos através de una web desde que estaba en el 7º mes de embarazo ya que antes íbamos a una cooperativa presencial de quien guardo grandes amigos... La garbancita ecológica es una cooperativa de consumo autogestionada y feminista, con precios muy competitvos. También en una tienda de Madrid completamos nuestras compras.


Andamos escasos de ingresos es cierto pero con ese tema no nos importa pagar "un poco más" (sé que hay tiendas cuyos precios son un escándalo!) compramos productos de temporada...de producción cercana, no como esas manzanas que viene de Chile!, pensando en nosotros y en todo el resto del mundo (recomiendo ver el documental "Hambre de soja" para que ver cuales son los efectos a corto plazo del abuso de pesticidas en Argentina y Uruguay, por no hablar a largo plazo), no consumimos leche de vaca, salvo algún queso muy de vez en cuando o los inevitables helados del verano y carnes, que consumimos muy de vez en cuando, tb. ecológicas.


Otro día retomaré la etiqueta "Ecología" con el tema de los ftalatos en juguetes para niños y bebés (al parecer se ha descubierto que están en casi todos) y con la buena noticia de que ya se comercializan productos contra la contaminación electromagnética, en casa hemos comprado una tela para hacernos una cortina para la habitación dónde dormimos...Solo queda la contaminación atmosférica, pero eso es otro cantar, como todo, de intereses comerciales.

viernes, 16 de septiembre de 2011

El hombre con una oreja verde

Un día, en el Expreso Soria - Monteverde
vi subir a un hombre con una oreja verde.
Ya joven no era, sino maduro parecía,
salvo la oreja, que verde seguía.
Me cambié de sitio para estar a su lado
y observar el fenómeno, bien mirado.
Le dije: “Señor, usted tiene cierta edad;
dígame, esa oreja verde ¿le es de alguna utilidad?
Me contestó amablemente: “Yo ya soy persona vieja,
pero de joven sólo tengo esta oreja”.
“Es una oreja de niño que me sirve para oír
cosas que los adultos nunca se paran a sentir:
oigo lo que los árboles dicen, los pájaros que cantan,
las piedras, los ríos y las nubes que pasan;
oigo también a los niños cuando cuentan cosas,
que a una oreja madura parecerían misteriosas…”
Así habló el señor de la oreja verde,
aquel día, en el Expreso Soria-Monteverde.

Gianni Rodari

lunes, 12 de septiembre de 2011

Aaaaarrancamooooosssssssss con NIDIA



Ay! bueno, pues ya estamos en marcha, nuestro proyecto pedagógico, y digo nuestro de las tres familias de locos que visto que llegaban los tres años no nos resignamos a que nuestros peques se vieran sin poder ir al baño, dejar de usar pañales, estar 8 horas metidos en una habitación o volver con deberes a casa. Nuestro, porque como cada uno de nostros es único, inspirado en muchas pedagogías pero único por ser nuestro y de todos los que quieran acompañarnos, de mucho aprendizaje y esfuerzos, emocionales, burocráticos, de organización, de tiempo, pero hecho con mucha ilusión.


Aprovecho para hacer promoción en Los Ojitos que Brillan.








lunes, 29 de agosto de 2011

¿Restaurantes Libres de niños?






Mi amigo Miguel Jara, me ha mandado este artículo del diario Público. Está claro, que lo mejor no es el artículo no...lo mejor son los comentarios de los lectores de esta nueva "tercera vía" que tan bien representa el diario, no voy a hacer ningún chiste con esto.




Está claro también, cristalino, que a nadie le gusta que le griten al oído (excepto los fans del Trash y demás...), ni que le molesten y también que todos hemos sido bebés, y niños. También está claro que los blancos y los negros, la polarización tan en boga desde hace unos años (o eres de unos o eres de otros) son peligrosas, hay una preciosa gama de grises sobre la que informarse (primero esto, claro, para poder optar), hablar y reflexionar, aportando opiniones de un lado y de otro y llegando a conclusiones, o no…

Desde que eres madre y más aún si estás sola (sin apoyo logístico o emocional más que el de tu pareja) en una ciudad tan hostil como puede ser Madrid (aunque la cosa va por barrios y no nos podemos quejar) de repente te das cuenta de una cosa, algo grave, muy grave: la civilización industrializada, neoliberal y patriarcal (por si alguno se le escapa su realidad) no está hecha ni para los viejos ni para los niños, y menos aún para los bebés.




Recuerdo que me llenaba de impotencia la primera vez que leí Libertad y Límites, Amor y Respeto de Rebeca Wild, lo del entorno preparado etc etc…es cierto que ella dice que los niños tb. han de aprender a vivir en el lugar en el que les tocó y mirar ellos solitos cuando vayan a cruzar, sí, pero…Ay! cuando somos bebés chillamos, lloramos (es cierto que 4 locos no lo deseamos, pero nos expresamos así y se debería respetar), gateamos (los que tuvieron esa suerte) nos hacemos pis y caca (no lo recuerdan verdad, lectores?). Luego cuando somos niños si somos niños debidamente contenidos, esto es, niños llenos de mirada, de contención, de disciplina con amor, seguimos reclamando nuestro espacio en forma de rabietas, juegos de poder…es algo incontrolable, como lo es la vida misma.

La familia solemos frecuentar solamente un restaurante desde que nuestra hija nació, hemos ido a otros, sin ningún problema, la verdad, pero este nos gusta porque aparte de que la comida está riquísima, es orgánica, y de menú, la gente es respetuosa, no hay jaleo y de fondo casi siempre suena un bonito tema del barroco. Ahí nos sentimos cómodos con nuestra hija, porque los señores y las señoras que hacen los comentarios se olvidan (Ay! Maldición!) de lo mucho que gritan ellos cuando hablan (porque en este país como se berrea madre!), fuman y molestan cuando se van por ahí de restaurantes o de “copas”. Ay la paja en el ojo ajeno!



Hasta el momento ni en este restaurante ni en otros lugares en los que hemos estado con mi hija, nos han llamado la atención, ni mi hija ha montando ningún “numerito”, en algún momento puntual, sí claro, era un bebé y es una niña…y solo es una, claro!

Es cierto que vivimos todos juntos (de aquella manera…) y todos nos debemos respeto, pero también debemos recordar que todos hemos sido bebés y niños, que no se puede optar por la vía fácil, esto es, reprimir, amenazar, pegar “estate quieto o te acuerdas eh?" "vete por ahí a jugar" claro, ese el niño "bien educado", luego, el papá o la mamá se dedicarán a contarse las batallitas (en las que en ningún momento aparecerán sus hijos, claro) y esos niños, pues, intentando cooperar reciben el mensaje de: papá y mamá están hablando, no les molestemos, juguemos nosotros, como podamos. Y claro, hay lugares en los que está claro que así, no se puede estar mucho rato: lugares cerrados, terrazas pequeñas, sitios con coches…Ni siquiera una educación contenedora puede resistirse a lugares así durante mucho rato.

Es aquí cuando retomo el tema de la gama de grises: los papás y las mamás somos conscientes de que tanto se nos puede molestar a nosotros o a nuestro hijo o hija (repito, gritos, follón, humo, agresividad, invasión de su espacio, contacto físico no deseado) como que nuestro hijo puede molestar a otros, claro, por eso a un bebé, niño o niña, se le puede clamar, anticiparse, contener, jugar con él, y si aún así la cosa se descompensa, la señal ha sido dada: este no es el lugar, ni el momento. Aún así me hace mucha gracia que desde una situación de poder el que grita y molesta siempre es el otro, nada mejor que un bebé o un niño, nada mejor que alguien más débil sobre el o la que despositar nuestras frustraciones y hacer uso de ese "poder". Esto como mínimo nos debería hacer pensar.

No criminalicemos a los bebés y a los niños. Mientras tanto si la ley (Ay la ley! qué sobrevalorada está!) ampara el derecho de admisión, que no cuenten con nosotros ni para que nuestro perro les eche una meadilla.

martes, 23 de agosto de 2011

Catuxa cumple tres años, el blog uno.




Es la historia de amor más bonita de mi vida, el sentimiento más intenso, el dolor más grande como cuándo nos dolían las piernas cuando crecíamos, porque te desarmas, se caen las caretas, te das cuenta de la mierda de vínculos que tenías hasta entonces con nadie, así me duele el corazón cuando no te sé querer como quiero. Pero no sufro por ello. Hija mía, esta soy yo y esta eres tú: suave, espigada, de ojos negros, brillantes, llena de imaginación, con la cabecita llena de dudas y de humor, frustrada porque quizás te hubiese gustado nacer en otro lugar, aunque tienes tu lugar todavía que es el pecho de tu madre, tu única patria, la madre que hay. Habrá más cosas hija mía, habrá más cosas y me gustaría acompañarte. Feliz tres años, llenos de por qués?

Felicidades también a “Los Ojitos que brillan” que cumple un año de “vida cibernética”.

viernes, 12 de agosto de 2011

Terapia de Juego



Hay muchas cosas que me fascinan de mi hija, ya no por ser mi hija, si no porque através de ella descubro esa parte de nuestras vidas tan intensa que sucede tan rápida y que debería de ser sagrada que es la infancia, descubro como los niños consiguen sacarnos de nuestro ostracismo y enseñarnos que nosotros, también pasamos por ahí.

Dice Rebeca Wild en “Educar para ser” que muchos niños juegan muchas veces para “depurarse” o curarse. Hacen lo que se llama terapia de juego. En nuestra familia como sabéis por este blog, como en todas, nuestra pequeña vino a “recolocarnos”, a hacernos crecer y através de ella, nuestros días son una aventura maravillosa llena de dudas. Muchas se van disipando porque ves que en efecto ella es más ella y más feliz así, otras están ahí y eso es lo bonito. Muchas veces nos pasa lo contrario, ay! Aquí no lo estamos haciendo bien y ella nos lo hace saber. Sin culpabilidades, gracias a mucho trabajo terapéutico, y sin estudios absurdos y sesgados.

En casa somos muy de representar, nos gusta jugar con ella, quizás más a su papá (a los papás en general?) juego simbólico, y representaciones como digo, desde que era muy pequeñita, quizás algo hiper estimulada, por qué no? pero feliz. Mi hija sigue necesitando mirada y juego con sus figuras de referencia, aunque también empieza a querer espacio, pero como todo va llegando poco a poco y si se está atento, las señales son claras: papá y mamá están ahí, mirándome sin dirigirme (no le gusta nada!) y eso me hace sentir bien, contenida, aunque a veces empiezo a echarlos de más!!

Pero hay algo que no cambia y es la terapia de juego. Gracias a esas representaciones que hace desde muy pequeñita, a esos “roll play” que hacemos su papá y yo, ella reproduce y reprocesa malos momentos vividos (sobre todo entre ella y yo), aunque no todos, eso es cierto. Hay algo que no soporta nuestra hija y es vernos enfadados, a su padre y a mí, entre nosotros (aunque lo disimulemos!) o con ella. Ahí va una escena: Volviendo en coche de O Grove a Ourense estas vacaciones, le entraron ganas de hacer pipí, hacía media hora le había quitado el pañal (que se lo ponemos a veces en viajes largos) y no pensé en reponerlo ya que no pensé que fuera a querer a hacer pipí de nuevo. Ella estaba un poco abrumada por el traslado, ya que desgraciadamente el tema logísitico se me da mejor a mí así que cuando me ve ausente se “dispara”.

El papá ni corto ni perezoso decidió parar en una autovía, es cierto que había arcén grande, visibilidad, no había quitamiedos y tierra, pero aún así no me gustó la idea y me asusté. Así que temiendo por la seguridad de los tres me enojé bastante, luego me tocó llamar a mi hermano y justo en ese momento ella no estaba de humor. Pues ese mismo día a la hora de comer, cogió un aparato que tenemos para ahuyentar mosquitos (que afortunadamente no nos pican casi nunca) y lo consideró un teléfono y así mientras jugábamos mientras otras comían llamó a una mujer (yo) y le dijo:

-Hola hola, sí, qué tal? Bien bien Ah! qué tienes una hija? No me digas! Ah Sí? Y te molesta a veces verdad? Sí, no te deja hablar por teléfono? Ya ya

A mí se me cayó en alma a los pies y me clavó los pies en la tierra.

La maternidad consciente es eso, o al menos creo yo, el saber leer que es lo que pasa, el vernos imperfectas pero no conformistas, el querer aprender, el ser conciente del yo atrapado como un pájaro enjaulado que tenemos dentro, ese carácter que nos forjaron desde pequeñitos, eso que se nos trasmitió, qué difícil es quitárnoslo de encima y no trasmitirlo a su vez. La maternidad no es algo teórico, o una corriente filosófica, es el día a día, y el día y la noche para las que amamantamos. Pero ahí están ellos, para recordártelo, para decirte mamá, por aquí no, mamá, no seas tan permisiva aquí, mamá hazme caso en cuerpo y alma, mamá no seas así conmigo. Estas se pueden recibir o no, depende de cómo tengamos sintonizado el canal y muchas veces, de nuestros propios recursos. Por eso reclamo desde aquí una maternidad tranquila, llena de sonrisas, de mirada, de consciencia y contención para nuestros hijos y para con nosotros mismos.

jueves, 4 de agosto de 2011

Un año sin televisor, un año sin televisión

Recuerdo que cuando comenzamos las sesiones de reflexología podal infantil cuando Catu era una bebé para combatir la dermatitis (lo conseguimos!) Luz, la mujer que se los daba, con 30 años de experiencia en el tema y de vuelta de todo, me dijo un día algo que me hizo reflexionar. Hay cosas que no hay por que verlas, sí saber que pasan y tener conciencia de ello, con eso es suficiente, pero el verlas es innecesario. Me hablaba claro está, de películas y de la TV en general, no de la vida real, la que uno o una vive. Una persona normal (o normópata!) ve al año cientos de asesinatos y muertos en la caja tonta o en el cine mientras casi nadie o ya nadie ve nacer o morir en la vida real, algo tan natural como la vida misma.

Por eso y por más cosas, por ser una fábrica de mentiras como bien dice Lolo Rico en su libro, decidimos en casa prescindir de la TV.

Sí tenemos que admitir que nuestra hija ve a Caillou, a Totoro y cosas al uso ignorando las recomendaciones de Don Joseph Chilton Pearce y su teoría del daño al cerebro de las imágenes en movimiento los primeros años de vida de una persona. (Rebeca Wild recomienda que luego el niño pequeño juegue a lo que ve o que le hablemos de ello, para pasarlo al plano real, lo que tiene mucha lógica) Los vemos con ella, racionados al día y con una hija tan llena de vida como la nuestra es un momento de relax (en incluso me permite mandar algún comentario a blogs que tengo capados en el trabajo ).

Pero en casa no hay TV

-Y no véis pelis o series? Nos pregunta mucha gente extrañada, pensando que nuestra hija estará dormidita (recordemos que el Sr. Estivill dice en la contraportada del “Duérmete niño” que la pareja corre serio peligro si el niño no se duerme cuando ellos quieren, en este caso nuestra pareja lo hace a veces, sí, de puro cansancio) y se quedan alucinados cuando les decimos que Catu tiene cuerda para dar y tomar y que si viéramos alguna peli, la tendríamos que ver con ella, y no es plan.

Yo me levanto a las 6:30 de la mañana todos los días y los fines de semana, las únicas excepciones que hago (mi chico trasnocha más porque es ahí cuando le entra la vena creadora) es por estar los dos juntos un rato que sí es cierto, no lo vamos a negar, nos hace muchísima falta (esto los que tienen a los abuelos cerca, no saben lo que es) si ella ya se durmió (a las 23:00 o más tarde después de estar como mínimo media hora en la cama con ella). Este curso que empieza comenzará a ir a esta escuelita que estamos creando, quizás sus horarios se regulen pero seguiremos sin echarla de menos, si, quizás, alguna peli aquí o allá, algún docu de la 2 (que se pueden ver en RTVE.es,) pero quien echa de menos los anuncios, los telediarios, eurovisión, el “deporte” televisado?

Estando de vacaciones, en el bungalow del camping, había una tele, afortunadamente hay algunos canales que no tiene publicidad, pero los que sí que la tienen…sin comentarios. No tener TV y no comprar prensa generalista te hace mirar a lo inmediato, a lo cercano, a lo local y a lo global pero desde otra perspectiva, la de que las realidades prefabricadas, el casino de los mercados, los anuncios ya no funcionan a no ser desde punto de vista meramente creativo, estético o narrativo.
En el hueco de la TV hay libros de Catu, esperemos que siga así por muchos años.






miércoles, 27 de julio de 2011

Salud mental en la vejez y su relación con la infancia.




Ya estamos de vuelta y ahí van mis refelxiones de últimamente relacionadas con la crianza.


Muchas veces, en la vida, vamos con esa sensación de que nos faltan algunas piezas del puzzle de nuestra existencia. A mí el hecho de ser madre me ha abierto los ojos, me puso el espejo delante y dí el paso para dejar de “autoengañarme” con complacencia sobre mi vida y mis vicisitudes. Dejé de poner un parche aquí, otro allá y escogí el camino del investigador que busca justo esas piezas y de repente, aún sin haber grandes avances, ves que todo encaja. No solo en tu vida, si no en la de los demás. Estos días de vacaciones he podido estar con familiares y padres de amigos muy mayores con dolencias propias de la senectud en este caso relacionadas con la capacidad intelectual y emocional. El tema de cómo acabamos nuestros días y su relación con la primera infancia ignoro si ha sido tratado, me imagino que sí. Veo con perplejidad como muchos neurólogos se pierden en los diagnósticos, los dan para tranquilizar a las familias que necesitan un nombre: demencia, alzheimer, atrofia cerebral y si el paciente tiene algo físico con que justificarlo mejor que mejor, ya tenemos la coartada, atrás queda silenciado lo que hayamos podido sufrir desde que fuimos gestados.


Es cierto que nuestras células se oxidan, que vamos necesitando ayuda sí, pero hay algo todavía más cierto, la forma en que hemos sido “nosotros mismos” o nos han dejado determina nuestra salud mental incluso esos días. Bajo mi humilde punto de vista, creo que la manera en la que acabaremos nuestros días en este mundo está íntimamente relacionada con nuestro sistema límbico y la forma en la que este guarde resquemores de la primera infancia. Toda esa careta social que nos hemos puesto a lo largo de nuestra vida se resquebraja y nacen personas mayores que, progresivamente, van perdiendo en interés por vivir (algo totalmente legítimo) o en el peor de los casos se vuelven agresivos, se abandonan, enferman, se deprimen, pierden la memoria. Me decía una amiga que su padre, de unos 80 años, que sufre una vejez terrible, con muchísimo sufrimiento, ataques de ira...apatía, un hombre de apariencia respetable, abogado intachable, toda una vida de rectitud, padecía depresiones “endógenas” desde siempre. Endógenas, dije yo, qué eufemismo y acto seguido pregunté como había sido su niñez. Muy mala. No tuvimos que seguir hablando, al menos ella lo sabía. También es cierto que este tampoco es un gran país para hacerse viejo.

Se sabe con certeza que en situaciones de estrés crónicas desde que somos gestados y mientras nuestro cerebro racional se completa se segregan las hormonas cortisol y andrenalina. Esto provoca que los circuitos cerebrales, y las sinapsis ante ciertos acontecimientos de la vida o incluso ante nimiedades, recorran caminos “equivocados” esto es, dicho coloquialmente, se sufre una “alergia emocional” (es como si acudiesen los bomberos a apagar una casa que no está en fuego) y se reacciona de forma desmesurada o destructiva para con nosotros mismos o el resto del mundo. Luego está la resiliencia, pero no vamos a centrarnos en las excepciones.

Estas situaciones de estrés, que casi todos ignoramos que pudieron haber sucedido (quién nos habla de estas cosas?) y que se mencionan se nos antojan a veces muy abstractas. Intentaremos concretarlas: un bebé desentendido que llora desesperado buscando brazos y consuelo, un bebé o un niño que es obligado a comer, a estarse quieto, a no tener rabietas, ni deseos, ni emociones, y se reprimen de forma violenta, un niño de año y medio o dos años humillado, vejado, al que se le ponen etiquetas, al que no se le presta atención, al que se le dice que no sirve para nada o al que se le pegan palizas brutales, castigado solo en habitaciones, criado de forma negligente, anulando su YO constantemente en forma de la tan temida amenaza: si te portas como YO quiero te amaré, si no, NO. Todo desde la más mezquina complicidad de nuestra sociedad, que pone una sonrisa de sorna a todo esto y lo interioriza como lo NORMAL, mirando para otro lado.


Cuántos Yoes auténticos perdidos yacen en cada uno de nosotros! Todo hecho “por nuestro bien” y desde el amor, como ese amor que profesa el maltratador a su víctima, le pega porque la quiere, porque no sabe quererla de otro modo, así se lo han enseñado o lo ha visto.

Dice la doctora Christiane Northrup en su libro Madres e Hijas, que los hijos jamás superan la edad emocional de los padres a nos ser que haya de por medio algún trabajo personal duro y constante a lo largo de los años que rara vez funciona si no es de la mano de alguien experto. Nuestra edad emocional la marca nuestra primera herida primitiva, nuestro primer atentado contra nuestra dignidad física o psicológica, contra nuestra humanidad. La antropóloga Margaret Mead entre otros, así como estudiosos de la teoría del apego como John Bowlby calificaron las sociedades entre pacíficas y violentas (contra ellas mismas y los de su especie) de acuerdo con las relaciones entre la madre (o figura de apego primario) y el hijo o hija los primeros años. Los japoneses tienen un término para referirse al amor primario, algo que es, poéticas aparte, un tema químico característico de nuestra especie. Las sociedades patriarcales se encargaron de eliminarlo, sometiendo a hijos y mujeres y haciendo del desamparo y el desapego su bandera, así se manipula mejor y se le da más importancia a lo que se ve. No importa si somos bebés de meses o niños de 5 años, estas agresiones se pueden dar de mil maneras. Y el/la que más o el /la que menos las hemos padecido. Aunque hay casos más graves que otros, sin duda.

Hace relativamente poco tiempo me enteré de que una abuela mía, la paterna, por suerte, si hubiese sido la materna me imagino que el fiasco en mi persona hubiese sido mucho peor, sufrió abusos sexuales reiterados en la infancia por parte de su padre. Los abusos sexuales nunca los había visto de la forma que me propuso Laura Levin, psicoterapeuta del equipo de Laura Gutman: el problema del abuso no es tanto que a una o a uno lo vejen de mil maneras, es que una, o uno, convive en la misma casa con una madre (quizás abusada también) que “tolera” o “entrega” con consentimiento a ese hijo a su marido o a otra persona. Una madre que no nos ama, así lo sentimos en lo más profundo de nuestro ser, aunque nos repitamos lo contrario por pura supervivencia, hasta el final de nuestros días, es ahí cuando viviremos siempre cortocircuitados, neuróticos de por vida: nuestro cerebro racional y nuestro cerebro emocional, nos estarán dando informaciones contradictorias.


Nuestro narcisismo primario no resuelto (etapa egocéntrica castrada) por tanta represión nos hará ser niños eternos , reaccionaremos como esos bebés o esos niños que no nos dejaron ser violando nuestras necesidades primarias de calor, consuelo, respeto, sinceridad, comprensión, presencia real… Buscaremos a esa madre que nunca tuvimos (en amigos, parejas, incluso en nuestros hijos!), y generaremos una dependencia emocional enfermiza hacia su persona, para siempre.

Una madre que fue dañada en su integridad desde su nacimiento es muy poco probable que conserve la capacidad de amar, ella creerá que quiere a sus hijos y se encargará de repetirlo y hacerlo ver desde la moral, la religión o la ética, los hijos crecerán pensando en lo mucho que los “quisieron” sus padres, pero no se podrán explicar esa sensación de vacío, desorden, destructividad, desamparo y falta de autoestima que les acompañará toda la vida y que se precipita como una catarata cuando entramos en la vejez. Como bien dice Alice Miller, ese niño o esa niña se irá a pescar con su amantísimo padre o madre, si saber que este o la otra están arruinando su existencia. Puede haber doctores en filosofía por la Universidad de Harvard con una edad emocional de 2 años como los que caminamos por las calles de cualquier ciudad, cualquier día del año. La "herida primitiva" como se refiere John Bradshaw está ahí, puede agazaparse en las más diversas formas y marcará nuestra salud mental y física el resto de nuestros días. Lo veremos en el trato con nuestros hijos, en nuestras adicciones, en nuestras necesidades que siempre estarán ocultamente por encima de las de los demás, depresiones (tristeza crónica o permanente, incluso en la infancia), problemas de salud, la herida se abre de multitud de formas porque el cuerpo nos pide drenarla.


Es en la vejez cuando se es “dos veces niño” y estaría bien preguntarnos por qué de vez en cuando.

lunes, 11 de julio de 2011

Estamos de vacaciones!


Praia das Pipas, la playa del camping.

Por fin, 15 días seguidos de vacaciones. Llevamos desde el día 11 de julio de vacas entre el campo, carreteras, playa y tiempo regulero. Estamos de prestado en un precioso camping de o Grove. Desde Navidad (10) días, ni mi hija ni mi pareja ni yo hemos podido disfrutar de tanto tiempo de asueto. Estamos descansados, comidos y a gusto a pesar del tiempo, Catu se baña igual todos los días.

Ya habla por los codos, no es muy habladora pero cuando se suelta es maravilloso oír lo que se cuece en su cabecita. Se ha soltado a nadar sola con sus manguitos, se sube al water a hacer pipí ella sola, solo hubo que comprarle un taburete y como siempre, proponer sin forzar nada. cada vez se despega más de mamá, ella sola. Se nos hace mayor.


miércoles, 6 de julio de 2011

Confudir respeto con falta de contención

Estos días prevacacionales, las tan ansiadas vacaciones, entre bricolage casero: Catu ya tiene su propia habitación (aunque falta la cama, como se encarga ella de recordarnos), tardes en el piscina y calores, estamos los papás aprendiendo una cosa nueva. Otra más!. Nuestra hija muestra síntomas de falta de contención. Es duro oírlo sobre todo por parte de alguien que sabe mucho del tema (a pesar de que hubo cosas con las que nos estoy de acuerdo, casi todo coincide en que SÍ) y para unos papás en constante aprendizaje y madurez que han hecho lo mejor que creían para ella, como todos lo que pueblan el mundo. Otro reto más para nosotros.

Confundir respeto con falta de contención y otorgar un excesivo poder al niño sobre el curso de los acontecimientos puede provocar una sensación brutal de falta de contención que se traduce de las más diversas formas.

No es lo mismo tratar al niño como una zapatilla que él o ella, tengan poder de decisión sobre el devenir de la vida en general. Es cierto que lo necesitan y sobre todo en cosas relacionadas con su propia integridad física y psicológica, pero muchas veces se confunde liderazgo con autoritarismo cuando los peques necesitan del primero y nunca del segundo. Necesitan escucha, validación, amor.

La segunda mitad de los dos años han sido todo un reto pues las sombras y los TICS en la crianza se han salido con fuerza, nos ha dejado claro que necesita para seguir siendo esa niña mágica y especial.

Los niños reciben nuestro amor cuando son respetados, educados y contenidos, cuando se les da lo que necesitan y no lo que quieren. Acompañar en este caso va de la mano de guiar.

Así de bien lo expresa Naomi Aldort, en su texto Sobrevivir a los dos años. Educar es una carrera de fondo, no es alegrarlo justo en ese momento si no pensar a largo plazo.



Potenciar la responsabilidad



Mi hijo Oliver, de 2 años, estaba sentado junto a mi lámpara para que le leyera. En cuanto terminábamos de leer un libro, quería otro más. Le besé y le dije: “Pon este libro en su sitio, y trae lo que quieras leer”. Era una tarea sencilla, y lo hizo sonriendo. La vida de Oliver estaba llena de tareas pequeñas que podía realizar fácilmente. Los zapatos se quitan cuando llegamos a casa. Luego se guardan. Cada juguete se guarda antes de elegir otro. Su padre y yo le ayudábamos, en caso necesario, a hacer estas cosas con alegría.
A veces el desorden era demasiado abrumador, y terminaba por hacer yo la mayor parte del trabajo. Mi sentido del orden, la autodisciplina y la responsabilidad entraba en escena, con o sin la participación de mis hijos. Verme limpiar la comida que ha caído por el suelo, o ayudarme voluntariamente a hacer esta tarea (a petición suya) eran herramientas mucho más útiles para Oliver que verse obligado a hacerlo él antes de estar preparado de verdad para ello. De la misma manera, mi tono amable de voz, mi generosidad y amabilidad al responder a sus necesidades, le enseñaban todo lo que un millón de palabras no conseguirían comunicar.
A los 3 años, Oliver me pedía que limpiara si la comida se caía fuera del plato. Ya le interesaba este asunto. Por el contrario, mis otros hijos no internalizaron esta actitud hasta mucho más tarde. Cada niño tiene su propio ritmo y su propia tabla de desarrollo. En una relación construida sobre el apego, los niños internalizan todos los matices de nuestra forma de ser, porque confían en nosotros. Cuando somos autodisciplinados, ellos siguen nuestro liderazgo. Cuando viven la experiencia de nuestra amabilidad y gratitud hacia ellos, se convierten a su vez en niños amables, y cuando nos ven cooperar, aprenden a cooperar.


Proporcionar liderazgo en momentos difíciles.



Una niña de 3 años estaba disfrutando alegremente de un baño en la piscina, en brazos de su madre. Cuando quiso dar por terminado el baño, pidió que le pusieran la ropa para jugar en la hierba. En cuanto estuvo vestida, empezó a lloriquear: “Mamá, quiero irme a casa ahora”. La madre le dijo que ahora le tocaba bañarse a su hermano, y que después de 5 o 10 minutos se irían a casa.
La niña se mantuvo inflexible: “¡AHORA!”, gritó, “¡Quiero irme a casa AHORA!”. Esta madre quería satisfacer las necesidades de ambos niños. Lo que hizo fue validar los sentimientos de su hija, mientras la acariciaba cariñosamente: “Quieres irte a casa ahora, y no podemos hacerlo todavía. Estás triste y lloras”. La niña pidió una vez más ir a casa y contó con la validación de su madre, pero no hubo ningún cambio de planes. Una vez su necesidad de empatía fue satisfecha, dejó de llorar y jugó alegremente el resto del tiempo.
En muchos casos, la historia es al revés: un niño no se quiere ir. El reto es el mismo, no obstante. El niño quiere algo que no es posible, ya sea porque entra en conflicto con la necesidad de otro niño, porque es perjudicial, o por cualquier otro motivo. Los padres pueden sentir ansiedad por proporcionar todo aquello que el niño pide, o pánico de hacer frente a un niño contrariado o que llora. Estar al lado de nuestros hijos no siempre significa que sea posible darles todo lo que quieren. La mayoría de los niños que hablan son capaces de comprender y aceptar los límites de la realidad, siempre y cuando les mostremos que nos interesamos por sus sentimientos y que los comprendemos.
Amamantar a demanda, llevar en brazos, responder al llanto o colechar son solo una parte de la crianza natural. Un niño hablará en un tono amable si escucha que sus padres le hablan con amabilidad, a él y a los demás. Es probable que sea cuidadoso con las cosas si ha observado cómo los demás son cuidadosos con su entorno. Aprenderá a compartir si comparten con él, y si se le respeta cuando no está preparado para compartir. Aprenderá a decir “gracias” cuando reciba y observe expresiones de gratitud. La única forma de saber cuándo cabe esperar el desarrollo de ciertos comportamientos es observar al niño. Mientras tanto, los padres pueden guiarlo, no mediante el control o las órdenes, sino mediante el ejemplo y una orientación clara y amable.




viernes, 1 de julio de 2011

¿Qué es la empatía?




La empatía es esa gran desconocida. Empatizar es simple y llanamente ponerse en el lugar del otro y acogerse a su óptica, sin ir más lejos: acompañar en el sentimiento. Pero Ay! Qué pasa si nosotros mismos estamos absolutamente desconectados de nuestras propias emociones. Como podemos “amar al prójimo como a nosotros mismos” si muchos ni siquiera lo hemos intentado?. ¿Cómo podemos ponernos muchas veces en el lugar de nuestros hijos, o ya ni siquiera eso, ¿cómo podemos hacerles saber, trasmitirles que entendemos lo que les sucede?

Se ha leído mucho sobre la empatía y muchas personas la usan en su vocabulario convencional. ¿Pero que es exactamente la empatía?. Para ilustrarlo de forma práctica y gráfica, me serviré del fantástico ejemplo que proponen Adele Faber y Elaine Mazlish discípulas de Ginott. En su libro "Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y como escuchar para que sus hijos le hablen"

"Imagínese que está en la oficina. Su jefe le pide que haga un trabajo extraordinario. Lo quiere encima de la mesa al concluir la jornada. Usted tiene intención de ocuparse de él inmediatamente pero, debido a unas urgencias imprevistas se olvida por completo. Tanto se complica todo que apenas le queda tiempo de comer.


Cuando junto a algunos compañeros, se dispone a marcharse a casa, se presenta el jefe y le reclama el trabajo terminado. Intenta explicarle en dos palabras el día excepcionalmente ajetreado que ha tenido. Él le interrumpe. Con una voz fuerte, desabrida, le grita: ¡No me interesan sus excusas! Para que diablos cree que le pago? Para pasar todo el día sentado sobre su trasero?. Al verle abrir la boca dispuesto a hablar dice: ¡Cállese! Y se aleja del ascensor.
Sus compañeros fingen no haber oído nada. Termina de recoger sus papeles del despacho y sale por fin. Camino de casa se encuentra con un amigo. Esta tan trastornado que no puede evitar contarle lo que le acaba de pasar.

Su amigo trata de “ayudarle” de ocho maneras diferentes

1. Negación de los sentimientos:

“No veo por qué te afecta tanto. Es una bobada sentirse así. Probablemente lo que ocurre es que has magnificado todo el asunto. No puede ser tan grave como haces que parezca. Venga, sonríe, cuando lo haces estás mucho más guapo”.

2. La actitud filosófica:

“Mira la vida es así. Las cosas no siempre salen como uno quiere. Tienes que aprender a tomártelo con más calma, en el mundo no hay nadie perfecto”

3. Un consejo:

“¿Sabes lo que deberías de hacer? Mañana por la mañana ve directo al despacho del jefe y dile “Señor tal, admito que estaba equivocado” Luego ponte manos a la obra y termina ese trabajo que has descuidado hoy. No te dejes atrapar por los mil imprevistos que surgen siempre. Y si eres un poco listo y quieres conservar el empleo, procura que no vuelva a sucederte nada parecido.

4. Preguntas:

“¿Qué urgencias has tenido exactamente para olvidar el encargo especial de tu jefe?
“¿No has pensado que se pondría hecho un basilisco si no te dedicabas a ello inmediatamente?”
“¿Te había ocurrido ya alguna vez?”

5. Defensa de la otra persona:

“Comprendo la explosión de tu jefe. Probablemente está sometido a grandes presiones. Tienes suerte de que no pierda los nervios más a menudo”

6. Lástima

“Oh! Pobrecillo. ¡Es horrible! La verdad es que me dan ganas de llorar.

7. Psicoanálisis de aficionado

“Se te ha ocurrido pensar que la auténtica razón por la que te has alterado tanto es que tu jefe representa esa figura “paterna” en tu vida? A lo mejor tu jefe ha despertado esos miedos infantiles al rechazo que te brindaba tu padre si te comportabas mal.

8. Una actitud vehemente (Intento de solidarizarse con los sentimientos del otro):

“Jolines, que experiencia tan desagradable! Soportar un ataque como ese delante de terceras personas debe haber sido terrible”



Cuando estamos dolidos o irritados por algo, lo último que deseamos escuchar es si a alguien le ha ido peor, advertencias, consejos, filosofía, psicología o la opinión de otra persona. Esa clase de argumentos solo consiguen empeorar nuestro estado. La lástima nos deprime, las preguntas nos ponen a la defensiva y lo que más exaspera es oírnos decir a nosotros mismos que no deberíamos de ponernos así.

Pero si alguien me escucha verdaderamente, si se conciencia de verdad de mi dolor interior y me da la oportunidad de hablar más a fondo de lo que me aflige, enseguida comienzo a sentirme menos crispada, menos confundida, mucho más capaz de hacer frente a mis sentimientos y a mi problema.

El proceso no es distinto en nuestros hijos. Ellos también pueden ayudarse a sí mismos si encuentran un oído atento y una actitud solidaria. Pero el lenguaje de la solidaridad no brota naturalmente. No forma parta de nuestra “lengua materna”. La mayoría de nosotros hemos crecido con los sentimientos desestimados o denegados.




La empatía es esa manta calentita que nos acoje en los peores momentos, es todo un arte saber trasmitirla y acojerla.

martes, 21 de junio de 2011

El blog de un papá

Catuxa durmiendo su siesta a los pocos días de nacer.



Hace tiempo me sorprendí gratamente con este blog que os voy a presentar. Son cada vez más los blogs de mamás en la red, ahí compartimos y nos desahogamos ya que por desgracia, muy pocas personas que nos rodean en el día a día piensan como nosotras: los foros, los chats, en facebook (las hay que no lo tenemos por no digitalizar más nuestras vidas)... Las mamás, sí, pero…¿y los papás?




Mi hija va a cumplir tres años en dos meses. Me parece que con los dedos de una mano (quizás alguno más de la otra) podría contar a los papás que realmente he visto implicados en esto de la crianza respetada. Está claro que muchos no están en ello ya que es todo un reto a nivel personal, otros están en la sombra, en este acaso diríamos que "detrás de una gran mujer con bebé hay siempre un gran hombre" y que los primeros años de crianza sabemos lo mucho que esto hace falta.




Las mamás que decidimos criar así, sabemos que no necesitamos a una pareja que llegue del trabajo o de donde sea como un soldado herido pidiendo compasión, si no con alguien empático, que se preocupe de su bebé y de la mamá que observe y actúe, que se comunique y le conceda algo espacio a esta.




Muchos salen de esa sombra y deciden salir a la palestra, pocos pero algunos lo hacen, y es toda una gran labor personal, porque a muchos les cuesta abrir el cajón de su propia infancia y mostrárselo al mundo sin poder evitar el enojo y el dolor inicial: Apoyan redes, forman asociaciones, reclaman una nueva masculinidad sin dejar de ser hombres y se esfuerzan día a día por no caer en el control y el autoritarismo con sus propios hijos y eso ya es un gran mérito.

Desde que nuestra hija nació y en tiempo record ha habido grandes cambios en la vida de su padre y la mía. Cosas y temas sobre los que no teníamos la más absoluta consciencia nos sorprendieron como sumamente importantes y viceversa. De repente empezamos a encontrar un montón de cosas superfluas y otras no tanto. Nuestra generación post-dictadura en este país fue de las primeras en carecer de maternaje profundo, adobarse en televisón y salpimentarse en el consumismo más feroz.

Sobre la marcha nos hemos ido equivocando y aprendiendo, los dos nos dimos cuenta de que nos podíamos enojar con nuestras propias familias, sin culpar a nadie ni victimizarnos por las muchas torpezas cometidas hasta la fecha desde el amor condicional. Todo empezó desde que decidimos concebirla y que viniera al mundo de la forma más respetada posible, no encontramos apoyos ni complicidad pero nos lo debíamos a nosotros mismos y a ella. Después de un embarazo que fue el comienzo del fin para muchas cosas, queríamos empezar bien.




Pasan los años y todo lo aprendido va dejando poso. Es cierto como bien sabéis l@s que leéis este blog que nuestra relación está en un reto constante, ya que muchas veces la díada madre-bebé-niña que optan por una crianza digamos “slow”, a veces y esto será algo que nos suene a muchas, no es suficientemente sustentada. Pero hemos aprendido a pedir el uno del otro a decir lo que necesitamos. Ya que cuando uno escoge este modo de criar, tiene que hacer más equipo, dejar atrás los dictados patriarcales de que la mujer ha de complacer primero al hombre necesitado de cariño y luego a los hijos que serán hombres y mujeres necesitados, a sú vez y así hasta el infinito.



Es cierto también que somos felices viendo a nuestra hija pero estamos aprendiendo a hacer de esto algo más democrático para los tres, mirarnos el uno al otro y descubrir que nos gusta del otro. Sin renunciar nunca a ser nosotros mismos, como padres, porque nosotros somos lo que fuimos más todo esto que nos está pasando, viendo como vamos creciendo, como vamos cambiando nuestras vidas, aprendiendo día a día de nosotros mismos (de ahí nuestro enojo) de nuestras propias reacciones con ella. Ahora estamos aprendiendo a darle espacio a que se abra al mundo, que sepa que tiene el regazo de su madre (lo sigue necesitando mucho, y lo respetamos) y de su padre pero que hay todo un mundo y una tierra por explorar y del que aprender.


Por eso es importante no renunciar a todo lo aprendido, desde nates de ser papás, si no darle una nueva óptica, desde la crítica y desde la autenticidad que es como son los niños, auténticos, con sus alas.

“That fucking attachment parenting” término que conocemos bien, (The Baby book fue el primer libro que compramos y nuestra tabla de salvación ante críticas y presiones externas) es un blog de un padre que decidió salir del armario con su particular “mala leche”. El título del blog "papitoequivoca" viene de la sorpresa que produce en nuestra hija desde los dos años y medio cuando los "mayores" nos equivocamos. Sí, los mayores nos equivocamos, claro que sí.




Una rara avis que dedicó su tiempo con muchísima paciencia todas la mañanas a su hijita de seis meses que lloraba echando de menos a su mamá que era yo.




El blog tiene la huella de un padre que aprende a organizar su vida pero que no quiere dejar se de él mismo con sus gustos y aspiraciones, igual que tampoco queremos criar niños y niñas en serie, quiere hacer ver que se puede amar sin renunciar, aunque muchos de estos gustos estén aparcados o nos hemos sorprendido con otros nuevos. Todos los post los acompaña de un vídeo musical, como no podía ser de otra manera.

Estamos ahora embelesados con los “Pudiós hiciós y haigas” y siempre nos sorprende como va aprendiendo nuestra hija, calladamente, poco a poco y nosotros intentamos acompañarla con toda la alegría que podemos, aprendiendo los unos de los otros, de nuestros errores como confundir respeto con falta de contención, de dar espacio... y muchas cosas más.

Gracias Diego.



domingo, 19 de junio de 2011

Indignación en la Infancia

Nuestro modelo económico, inhumano e insostenible, atenta de lleno contra los más débiles, entre ellos, l@s niñ@s, futuros adultos. ¡Hasta cuándo!



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